Otra vez vemos a nuestros gobernantes buscando una tabla de salvación para sacarnos de la pobreza de un tajo, sin tener que hacer el trabajo arduo y prolongado que necesitamos para salir de la pobreza permanentemente. Daniel sigue buscando su “Deus ex Machina”, la artimaña que usaban los antiguos griegos en sus obras teatrales para sacar al héroe de la obra cuando este se encontraba en una situación imposible: de repente descendía sobre el escenario un dios que los sacaba de apuros.
Daniel ha encargado su “Deus ex Machina” a los chinos. No sabemos para cuándo, pero en el futuro cercano tendremos un canal interoceánico “Made in China” (hecho en China), como casi todas las cosas que compramos hoy en día. Con ese canal vamos a crear miles de empleos, vamos a subir el sueldo promedio del trabajador a los niveles de Costa Rica y tal vez de Panamá, sin pasar por el penoso y largo camino de tener que mejorar la calidad de nuestros maestros, de proveer útiles escolares, agua y servicios sanitarios a todas las escuelas públicas y finalmente de educar a nuestra juventud. Eso es muy difícil y tardado. Es mejor y más rápido construir un canal interoceánico.
Dice Daniel que los chinos están dispuestos a meter US$$40 mil millones de dólares de los Estados Unidos en Nicaragua para construir un Canal Interoceánico que compita con el de Panamá. En lo que respecta a evaluar proyectos gigantescos, los chinos son muy buenos, probablemente los mejores del mundo. Ellos estudian todas sus inversiones con sumo profesionalismo y atención al detalle. Yo tuve ocasión de evaluar muchos de los proyectos chinos financiados por el Banco Mundial cuando trabajaba en esa institución y casi sin excepción, todas las evaluaciones financieras y económicas de los chinos eran de primerísima calidad. Si ellos van a meter un centavo en Nicaragua, estoy seguro que lo harán con el cuidado que los caracteriza. Sin embargo, al ver los números citados por Daniel, una duda me asalta, ¿qué estarán pensando los chinos?
Una inversión de US$$40 mil millones para un canal requiere un tráfico tremendo para ser rentable. ¿De dónde va a salir ese tráfico? ¿Se va a desviar todo el tráfico de Panamá a Nicaragua? ¿Se va a generar nuevo tráfico a nivel mundial igual al volumen de tráfico que pasa por Panamá? No se sabe, pero soñar no cuesta nada.
Examinemos la rentabilidad del canal nica bajo los supuestos más optimistas posible: el canal se construye en cinco años, no hay equivocación en los costos y no se gasta ni un centavo más de los US$$40 mil millones. Además, el nuevo canal atrae tanto tráfico como el canal de Panamá y lo sigue generando sin costo adicional durante 100 años. La rentabilidad de esa inversión sería de entre dos y tres por ciento, más o menos lo que los chinos obtendrían si invirtieran su plata en bonos del tesoro de los Estados Unidos, con la diferencia que los bonos del tesoro son una inversión de poquísimo riesgo y muy líquida (los chinos pueden vender lo bonos de un día para otro). El canal tendría similar rentabilidad, pero más riesgo y, por supuesto, mucho menos liquidez, puesto que vender el canal de un día para otro sería imposible. Conclusión: los chinos no están invirtiendo US$$40 mil millones para hacer negocio. Los números no dan. O la inversión es menos de US$$40 mil millones, o los chinos tienen otro motivo.
¿Qué estarán pensando los chinos? ¿Una inversión estratégica? ¿O será el canal una mera ilusión, como lo ha sido desde hace más de 100 años? ¿O una distracción de Daniel, como dicen algunos analistas, para hacerle creer al pueblo que la Nicaragua próspera está a la vuelta de la esquina y que podemos mejorar nuestra calidad de vida sin mejorar nuestras escuelas, nuestros maestros, y nuestra educación? Dejemos de soñar y empecemos por mejorar la educación de nuestra juventud. El autor es economista
¿Estarán pensando en una inversión estratégica? ¿O será el canal una mera ilusión, como lo ha sido desde hace más de 100 años? ¿O una distracción de Daniel para hacerle creer al pueblo que la Nicaragua próspera está a la vuelta de la esquina y que podemos mejorar nuestra calidad de vida sin mejorar nuestras escuelas, nuestros maestros, y nuestra educación?
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