Saúl Martínez
Ayer una avalancha de vecinos de la Aceitera Real, en la zona sur de la ciudad de Chinandega, se llevaban toda la chatarra que podían recuperar de los escombros que dejó el incendio en la bodega sur de la Aceitera Real.
También el maní y soya que se divisaba apilado, pero quemado, era trasladado por vecinos, según decían para darlo de comer a las aves y cerdos.
“Vamos a organizar esto. Cuidado, cuidado ahí”, decía preocupado un representante de la empresa al personal encargado de vigilancia, al advertir el desorden.
José Rodríguez, del reparto La Florida, manifestó que habitantes de todos los barrios de Chinandega se estaban acercando a extraer el material que quedó entre los escombros. “Para medio machacar, vos sabés cómo está la situación”, dijo el muchacho. La libra de chatarra la adquirían los compradores entre dos y 2.40 córdobas la libra.
José María Garay, bombero voluntario, trataba con un megáfono de convencer a los pobladores a sacar el material en orden por medidas de seguridad. “No podemos permitir que estén expuestos al peligro. Esos montones de maní tienen fosas incandescentes aún”, dijo Garay.
Los representantes de la empresa dispusieron regalar el material inservible, que a los pobladores les llegó como maná del cielo.
Un ayudante comprador de chatarra celebró que al anochecer llevaba ganado más de diez mil córdobas.
En el lugar había mujeres, hombres, ancianos, niños, transportistas, compradores, triciclistas y carretoneros en busca de materiales que pudieran servir de algo.
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