Varias veces antes del inicio de los playoffs, el entrenador de Miami Erik Spoelstra insistió que el recorrido que su equipo iba a transitar esta postemporada sería mucho más tortuoso que el que tomaron al conquistar el campeonato de la NBA hace un año.
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Para su propio fastidio, Spoelstra tenía toda la razón. El Heat se encuentra en una situación algo complicada. No logran recuperar suficientes rebotes, Dwyane Wade no engrana con su juego, Chris Bosh no rinde con consistencia.
Todo esto se exacerbará o disipará cuando este jueves reciban a los Pacers de Indiana en el quinto partido de una muy apretada final de la Conferencia del Este, nivelada 2-2.
“Tenemos jugadores que son competidores de pura cepa”, dijo Spoelstra el miércoles. “Se toman esto muy en serio. Estamos enfrentando a un rival de mucho cuidado y si no jugamos bien, nos van a ganar. Si ellos juegan mal y nosotros imponemos nuestra identidad, entonces nosotros vamos a ganar”.
El sexto partido será en Indiana el sábado. Los Spurs de San Antonio, que barrieron la serie por el título del Oeste, esperan por su rival en la final de la liga, que comenzará el 6 de junio.
Los antecedentes indican que el ganador del quinto duelo, en una serie empatada, casi nunca falla para imponerse en el cruce. Pero ese es un axioma que el Heat comprobó y luego hizo caso omiso el año pasado.
Cuando el Heat y los Pacers se repartieron victorias en los primeros cuatro partidos en su serie de segunda ronda en 2012, Miami arrasó 115-83 como local en el quinto partido y sentenció la serie en el sexto choque.
En la siguiente ronda, Miami sucumbió en el quinto partido ante Boston en la final del Este, pero ganaron el sexto juego como visitantes —con 45 puntos de LeBron James— para seguir con vida. Cantaron victoria en casa en un electrizante séptimo choque.
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