En un país desarrollado, el fin de semana que recién ha concluido, habría sido uno común y corriente, pero en Nicaragua, donde se libran batallas en distintos ámbitos para escapar a la mediocridad, fue uno muy especial.
Nicaragua es un país chiquito. De eso estamos claros. Y lo que se produce aquí, por lo general, es también chiquito, pero vamos a crecer a otros niveles, probablemente cuando aprendamos a valorar lo poco que tenemos.
El sábado, mientras ese formidable boxeador que es Román “Chocolatito” González, concluía su obra de demolición contra Ronal Barrera, Vicente Padilla ya calentaba para subir al box con los Halcones en Japón.
Unos instantes antes, el combativo tirador leonés Wilton López, había agregado un cero más a su labor este año ante los Gigantes, y mejor aún, Everth Cabrera había tumbado la pelota en una jornada espectacular.
Cabrera se fue a la calle, empujó cuatro anotaciones y llegó a cien bases robadas en su carrera en las Mayores. Padilla dejó en dos hits y sin carreras durante siete innings a las Golondrinas de Yault, en una victoria 4-0.
“Chocolatito” volvió a mostrar su envidiable instrumental físico y técnico, y se deshizo de Barrera sin mayores contratiempos, a pesar que no se le respaldó como lo merecía en el Polideportivo España.
Pero lo esencial, es que el deporte nicaragüense, urgido de ejemplos que le permitan a la juventud tomar una ruta, ofreció varias opciones a través de estos muchachos que han logrado trascender gracias a su talento y también su esfuerzo.
El fin de semana hubo razones para emocionarse.
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