¿Qué juicio merece la Policía Nacional (PN)? Las opiniones al respecto son muy encontradas. En el lado negativo están las vertidas por algunos medios escritos, más algunas organizaciones como Cenidh, y miembros del PLI. Sus principales críticas son que la PN está actuando en forma arbitraria e ilegal, que contribuye al establecimiento de un estado policial, y que se ha partidarizado, persiguiendo selectivamente a opositores. En el lado positivo están los reconocimientos de embajadores; Japón, Brasil, Países Bajos y otros, de algunos organismos internacionales como PNUD y Unesco, y de clérigos como monseñor Brenes. Sus principales elogios son que la PN es un ejemplo para el resto de la región, un agente clave en la seguridad que goza Nicaragua, y una institución profesional, con un jefe dialogante.
Las discrepancias sugieren que no es tan fácil hacerse un juicio objetivo y justo sobre la PN. En parte porque requiere un esfuerzo para informarse y analizar, poco habitual en una cultura que tiende al juicio rápido, apasionado y categórico, y a ver las cosas en blanco o negro, sin matices intermedios.
Unido a lo anterior están las dificultades inherentes en valorar instituciones. A veces no se entienden bien sus ámbitos de competencia, como cuando se atribuyó a la Policía una responsabilidad, por la detención y expulsión reciente de un periodista chileno, que correspondía al Ministerio de Gobernación. A veces no se entienden algunas complejidades legales, como el caso de la alarma por los allanamientos que realizó la PN en Estelí sin orden judicial, cuando la ley faculta a la Policía hacerlo dentro de las doce horas siguientes a la comisión de un delito “flagrante”. El problema es que no está claro si este ocurrió. Los abogados con que he consultado no lo saben y la Policía ha fallado en despejar las dudas.
Otra dificultad a la hora de juzgar resultados es la complejidad de los fenómenos sociales. Que Nicaragua tenga una menor tasa de delitos que otros países del área es un indicador que favorece a la PN. Pero es también producto de muchos otros factores de orden social, cultural e histórico.
Estas observaciones no significan que no deban emitirse opiniones hasta que uno posea varias tesis doctorales sobre un tema, sino que estas deben ser precedidas por un mínimo de estudio o información. Con estas reservas me parece que podrían aventurarse las siguientes:
La PN no es represiva, en el sentido de usar con liberalidad la violencia o la intimidación. Recuerdo a mediados de los años sesenta, cuando un grupo de estudiantes desplegamos una manta contra Somoza en el Estadio Nacional. Los capturados por la Policía, Nicho Marenco, Ernesto Leal y otros, sufrieron después una vapuleada salvaje que los dejó ensangrentados y llenos de moretones. Esto no ocurre hoy.
La PN es la más efectiva de la región en combatir al narcotráfico. Es la que más captura embarques, desmantela redes y previene el delito. Es también la menos infiltrada por el crimen organizado y la menos corrupta, a pesar de tener un presupuesto bastante menor que el de sus vecinos.
La PN es bien vista por el pueblo. Es cierto que por estar sometida a un presidente interesado en politizarla, es una institución en riesgo de contaminación partidaria. Pero el hecho de que su jefe Aminta Granera, sin el auxilio de láminas de zinc o regalías continúe siendo el personaje con mayor opinión positiva del país, sugiere un sentir popular que pesa en la balanza.
El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.
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