Ledia Gutiérrez
Psicóloga Clínica
De niñas, jugamos a ser mamás sin tener la más mínima conciencia de lo que es en sí la responsabilidad de tener hijos a quienes cuidar. Cuando viene al mundo esa criatura indefensa, nacen con él lazos fuertes de amor inmensos.
Se nos presenta un reto: saberlo guiar, inducirlo por el camino lleno de valores que lo harán una persona singular. Nos esforzamos para que sea fuerte y con grandezas emocionales, que sepa lidiar en el largo camino que le tocará atravesarlo solo, sin más que el legado que le hemos entregado. Un individuo que sepa amar, que sin reservas pueda entregarse a sus sueños, que sea capaz de compartir lo que irá recogiendo en la senda de la vida, dispuesto a perdonar cuando le toque enfrentarse con situaciones adversas. Y, cuando haya desafíos, pueda enarbolar la bandera con coraje y con dignidad.
Enseñarle el camino verdadero que es Dios, que sea sensible a reconocerlo, aceptarlo en su corazón y seguir sus pasos, que pueda liderar con agallas y conservar la humildad y pueda vivir con gozo y paz. Que todo lo que emprenda prospere, como es la promesa divina.
Hijos que puedan reír, disfrutar de las maravillas que nos acompañan día a día: de ver volar las aves, de un atardecer y por qué no, de poderse despedir de la mama que un día se irá, pero la vida deberá continuar.
He recibido muchos mensajes, que agradezco mucho. Estoy siempre a la orden en [email protected]
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