Edgard Rodríguez C.
El técnico del Bayern, Jupp Heynckes, se une a Ernst Happel, Ottmar Hitzfeld y José Mourinho, como los únicos entrenadores en ganar la Champions con equipos distintos.
Heynckes deja su puesto ante la llegada de Pep Guardiola, quien va a dirigir al Bayern en la Supercopa de Europa el 30 de agosto en Praga, ante el Chelsea de José Mourinho.
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Justo cuando un atrevido Borussia Dortmund y un vigoroso Bayern Munich, seguían enfrascados en una frenética batalla que se extendía sin perder voltaje a través de 89 minutos, Arjen Robben emergió próximo al área, se fugó con el balón y contrario a lo que suele ocurrir con él, anotó el gol de la victoria, tras un zigzagueo espectacular.
De esta forma, Robben terminó convertido en héroe de una victoria 2-1, que empuja al Bayern a la cima de Europa, a pesar de la resistencia y combatividad de un Borussia, que salió a atacar a pecho descubierto, pero que no pudo frente al poderío y talento del club de Munich, que lleva rato jugando más cerca de lo excepcional que de lo ordinario.
En una de las finales de la UEFA Champions League, más electrizantes de los últimos tiempos y jugada sobre un formidable ambiente, amenizado por 86,298 gargantas bien afinadas en el mítico estadio Wembley, en Londres, Inglaterra, el Bayern atrajo los reflectores, gracias a su estilo de juego y fortaleza ante un rival insistente.
UN DUELO SIN RESPIRO
El Dortmund comenzó mandando. Se fue arriba y encerró al Bayern, que pasó trabajo para encontrar la salida. Y para no dejar dudas sobre sus intenciones, la tropa de Jurgen Klopp puso a trabajar temprano al arquero Manuel Neuer. Primero con un misil de Robert Lewandoski (13’) y luego con disparo de Reus.
Fue hasta el minuto 26, cuando se dio el primer ataque ordenado y con profundidad del Bayern, cuando tras centro de Ribéry, vino un cabezazo de Mandzukic. La tropa de Munich siguió insistiendo y aunque entró en calor, no podo definir, sobre todo porque Robben se atragantó en dos ocasiones.
Al minuto 30, Robben quedó solo ante el arquero Weindenfeller y cuando se esperaba el enganche o pase a Mueller, entregó mansamente el balón al portero. Doce minutos más tarde, el holandés hizo lo mismo, mientras Weindenfeller le volvía a meter el mono.
Vino el descanso y en la reanudación, Robben, paradigma del egoísmo, lanzó un centro y Mandzukic cabeceó para situar arriba al Bayern al minuto 60. El Dortmund no se rindió y su acoso fue tal, que Dante intentó frenar a Reus y le asestó una patada en el área.
Gundogan cobró exitosamente el penal al minuto 68. No hubo más movimiento en el marcador y a pesar que la intensidad no bajaba, el 1-1 persistió hasta el minuto 89, cuando Robben apareció entre los centrales del Dortmund, robó el balón y anotó el gol de la victoria.
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