Tres miembros venezolanos de una delegación de la Unión Democrática Internacional (IDU por sus siglas en inglés), quienes llegaron a Nicaragua el miércoles de esta semana en un vuelo privado y ayer jueves debían reunirse con el Consejo Editorial de LA PRENSA —entre otras actividades que habían planeado realizar durante su permanencia en el país—, fueron rechazados en el aeropuerto de Managua porque, según dijeron las autoridades de Migración, venían en una misión política, pero sus visas eran de turistas.
Uno de los expulsados, el dirigente opositor venezolano y exgobernador del Estado de Carabobo, Henrique Fernando Salas, quien era el jefe de esa delegación de la IDU, comentó en su cuenta de Twitter que el atropello pudo ser ordenado por “el Gobierno venezolano (que) está en contra (de) que se informe la verdad sobre Venezuela no quiere que se hable sobre las elecciones venezolanas”.
En realidad, es posible que ese haya sido el motivo para impedir que entraran al país los políticos democráticos venezolanos, pues los otros miembros de la delegación de la IDU, dirigentes políticos de otros países latinoamericanos y de Europa, llegaron en vuelos comerciales y entraron a Nicaragua sin ninguna dificultad.
Sin embargo, en honor a la verdad cabe aclarar que no fue para hablar de la impugnada elección de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, que la IDU (la cual es una asociación mundial de partidos políticos de tendencia democrática conservadora) pidió visitar el Diario LA PRENSA y reunirse con su Consejo Editorial, sino para conocer nuestra opinión sobre la situación actual de Nicaragua; y en particular nuestro punto de vista sobre el Partido Conservador de Nicaragua, que es su socio en el país y el cual ha sido reducido a una mínima expresión que ha estado enfrascado en incesantes disputas internas. Finalmente, la programada visita de la misión de la IDU a LA PRENSA no se realizó, porque los otros miembros de la delegación que pudieron entrar a Nicaragua, decidieron marcharse al conocer el atropello que sufrieron sus compañeros venezolanos.
Pero cualesquiera que fueran los temas políticos —nacionales o internacionales, nicaragüenses o venezolanos— que los delegados de la IDU y en particular los de Venezuela quisieran exponer y discutir en Nicaragua, no había razón para impedirles la entrada al país. Al respecto se preguntan algunas personas qué sentido tiene que el Gobierno de Daniel Ortega cometa arbitrariedades como esa (estupideces políticas, además), pues en nada lo perjudicaría que los miembros de la IDU hablaran aquí de los temas que quisieran. Más bien el régimen orteguista se hubiera beneficiado, al proyectar en Nicaragua y hacia el mundo una imagen de tolerancia democrática.
Pero a juzgar por su trayectoria y sus acciones, a Ortega no le interesa que lo crean democrático. Él prefiere que lo vean y teman como un gobernante absolutista, como alguien que cuando quiere atropella la ley y hasta la misma Constitución. Además, esa es la naturaleza del régimen orteguista, como la del alacrán de la fábula que se atribuye a Esopo, que pica e inocula su veneno porque no puede actuar de otra manera.
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