SAN SALVADOR/AP
Los salvadoreños reaccionaron con optimismo tras la audiencia que el papa Francisco concedió el jueves al presidente de El Salvador, Mauricio Funes, en la que el pontífice le dijo que «hay que tener fe» en la canonización de monseñor Oscar Arnulfo Romero.
En la audiencia privada, Funes abogó por la pronta beatificación de monseñor Romero, cuyo proceso fue desbloqueado recientemente, luego de entronización de Francisco que desde que comenzó su pontificado expresó su admiración por el arzobispo Mártir, también llamado «San Romero de América».
El Vaticano señaló en un comunicado que «se ha hablado, en particular, de la figura del Siervo de Dios, monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, que fue arzobispo de San Salvador, y sobre la importancia de su testimonio para la entera Nación».
Un comunicado de casa presidencial en El Salvador informó que durante la conversación y al abogar Funes por la pronta canonización de Romero, el Papa le respondió que «hay que tener fe», pues considera que el proceso avanzará rápidamente y que «después de monseñor Romero podrían venir otras canonizaciones».
«Estamos orando para que pronto monseñor Romero sea declarado oficialmente un santo, pero para los salvadoreños él ya es un santo», dijo a la AP Domitila de Sánchez al salir de la iglesia catedral de San Salvador.
La mujer de 49 años, comerciante en pequeño que trabaja en el centro histórico de la capital, dijo que «estoy esperando las noticias, sé que el presidente (Funes) fue a ver al papa Francisco y espero que nos traiga buenas noticias».
Por su parte monseñor Ricardo Urioste, que preside la Fundación Monseñor Romero, calificó el viaje del mandatario como «un buen intento» y destacó «el hecho de que el papa diga que hay que tener fe y que quizás sea rápidamente, ojalá así sea».
Pero Urioste manifestó que pensaba que no será rápido. «Llevará algún tiempo más o menos prolongado porque ese es el estilo de la Santa Sede, por mucho que el papa esté interesado», reseñó.
María Luisa D'Abuisson de Martínez, que forma parte de la Fundación Monseñor Romero, dijo que ha seguido de cerca el viaje de Funes al Vaticano. «Para mí sería realmente maravilloso que esto caminara pronto porque monseñor Romero se lo merece y el pueblo salvadoreño se lo merece», señaló.
D'Abuisson de Martínez reconoció que el Papa no va actuar porque se lo pida el presidente Funes, ya que es un proceso, pero recordó que la iglesia «ya verificó quien era Romero, ya el papa anterior (Benedicto XVI) dijo que no habían encontrado en sus homilías ninguna frase que se saliera de la ortodoxia».
«A Romero lo mataron porque estorbaba a la gente de poder, a la gente del poder económico y del poder militar y lo apartaron del camino», afirmó D'Abuisson de Martínez, hermana de Roberto D'Abuisson, señalado como responsable del asesinato.
Recordó que en su última homilía «sacudió a los poderosos y deciden mejor aniquilarlo cuando ven que comienza a hacer llamados a los militares católicos, a los militares creyentes en el Dios de la vida, porque les dice que antes de cumplir una orden de un hombre, cumplan la orden de Dios que nos dice no matarás. Solo eso le permitieron. Al día siguiente fueron a matarlo».
El 24 de marzo de 1980 un disparo al corazón le dio muerte cuando oficiaba misa. En la víspera se había pedido a los militares: «En nombre de Dios y de este sufrido pueblo les ruego, les suplico, les ordeno, en nombre de Dios, cese la represión».
El asesinato fue uno de los detonantes de la guerra civil que asoló El Salvador por 12 años y que terminó con la firma de un acuerdo de paz en 1992. Más de 75,000 personas murieron en el conflicto y otras 12,000 desaparecieron.
Un informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas, creada poco después de los acuerdos de paz, determinó que el autor intelectual del crimen fue el mayor Roberto D'Abuisson, fundador del partido derechista Alianza Republicana Nacionalista, Arena, que gobernó el país durante 20 años (1989-2009).
Sin embargo, los responsables del crimen no fueron castigados debido a una amnistía promulgada por el gobierno de Arena horas antes que fuese divulgado el informe de la Comisión en 1993.