Editorial: Destape de la olla chavista
En el interior de todos los regímenes totalitarios y autoritarios, de izquierda o derecha, siempre hubo y seguramente siempre habrá intrigas internas y luchas entre facciones por el control del poder. Estas pugnas, por lo general se desarrollan o agravan cuando desaparece el caudillo, comandante en jefe o como se le llame al líder que encabezó el triunfo revolucionario y, hasta su muerte, gobernó con puño de hierro
Los casos más sonados en este sentido han sido, seguramente, las purgas estalinistas que ocurrieron en la extinta Unión Soviética después de la muerte de Lenin, y en China comunista la que libró la famosa “pandilla de los cuatro”, la cual dicho sea de paso era encabezada por Chiang Ching, la poderosa mujer de Mao Tse Tung.
De manera que no es una sorpresa la noticia de que en las entrañas del régimen chavista, en Venezuela, se está librando una intensa lucha por el poder entre la facción comunista y procastrista que representa Nicolás Maduro, y la también revolucionaria pero nacionalista y militarista que lidera Diosdado Cabello, antiguo compañero de correrías golpistas de Hugo Chávez.
La verdad es que de las luchas internas en el chavismo se viene hablando con insistencia desde la muerte de Hugo Chávez. Pero ahora esos comentarios se han confirmado, al conocerse la grabación en audio de una conversación secreta entre el prominente propagandista chavista en televisión, Mario Silva, y el teniente coronel cubano Aramis Palacios, enviado por Raúl Castro a Venezuela para entrenar a la contrainteligencia local.
La grabación fue dada a conocer por un diputado de la oposición venezolana, quien por razones obvias se abstuvo de informar cómo llegó a sus manos. Sin embargo, periodistas y analistas bien informados consideran que el audio fue filtrado por la misma inteligencia cubana, para poner en evidencia y a la defensiva a la facción de Cabello y favorecer a la de Maduro, quien a todas luces es el hombre de La Habana en el régimen de Venezuela.
En realidad, las constantes denuncias del régimen chavista de supuestas conspiraciones de la oposición, de Estados Unidos y hasta de Israel, son solo una cortina de humo para justificar el incremento de la represión y ocultar los pleitos internos en el chavismo. La verdad es que si el régimen chavista llega a caer por la fuerza, no será porque lo derroque la oposición y mucho menos Estados Unidos, sino como consecuencia de la lucha entre sus mismas facciones por el control del poder.
El pleito interno en el régimen chavista no es entre lo militar y lo civil, sino entre los militares comunistas y los no comunistas, explicó a los periodistas el catedrático de la Universidad Central de Venezuela, Carlos Raúl Hernández, después de la muerte de Hugo Chávez. A lo cual, Rocío San Miguel, presidenta de la asociación cívica Control Ciudadano para la Defensa, agregó que “no hay homogeneidad entre los militares. Hay muchos grupos y nadie, salvo (Hugo) Chávez, podía amalgamarlos”.
De manera que si el chavismo se empecina en no permitir un cambio político pacífico en Venezuela, lo que se puede esperar como salida inevitable no es que sea derrocado por la oposición, porque no es esa su estrategia, sino que caiga como resultado de su propia implosión, o sea de un estallido interno causado por sus contradicciones antagónicas e insalvables.
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