Me pidió un amigo —y le prometí que lo haría— escribir sobre la ópera Carmen, del compositor francés Georges Bizet, la cual fue puesta en escena en el Teatro Nacional Rubén Darío el martes 7 y el jueves 9 de mayo corriente, en conmemoración del Día de Europa.
Vi y escuché la primera vez esta hermosa y famosa obra musical, en 1962, en el Teatro Bolshoi de Moscú, interpretada por cantantes rusos de cuyos nombres, lógicamente, no me puedo acordar después de tanto tiempo.
Algunos años después la volví a ver y escuchar de nuevo en Moscú, pero en el gran teatro del Palacio de los Congresos, con otros intérpretes rusos igualmente de primer nivel, como los del Bolshoi. Y por cierto que también en ese teatro vi la extraordinaria versión en ballet de esa ópera, en un arreglo musical del eminente compositor ruso Rodión Shchedrín, esposo de la primera bailarina Maya Plisetskaya, quien interpretaba el papel estelar de Carmen.
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Menciono todo eso para justificar que sin ser musicólogo, solo un aficionado a escuchar y disfrutar la música clásica, particularmente la lírica, puedo apreciar una ópera como Carmen , de la cual, además, poseo y escucho de vez en cuando grabaciones con grandes cantantes italianos, españoles y franceses.
De manera que me atrevo a asegurar que la puesta en escena de la ópera Carmen en el Teatro Nacional Rubén Darío, con motivo del Día de Europa, no tenía que envidiar a ninguna representación en cualquier país de mayor cultura musical que Nicaragua. Y no podía ser de otra manera, puesto que esa presentación fue el resultado de un gran esfuerzo internacional, con cantantes de Cuba, Alemania, Italia, Costa Rica y Nicaragua; músicos de la Camerata Bach y la Orquesta Nacional de Nicaragua, junto con ejecutantes de la Sinfónica Nacional de Cuba y la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador. Todos ellos bajo la conducción de un director musical y un director escénico alemanes.
Es digna de destacar la excelente actuación del Coro de la Ópera de Nicaragua y del Coro Infantil, dirigidos por el maestro nicaragüense Gregorio Fonseca. Y por supuesto que merece mención especial el director de la Camerata Bach y director del Teatro Nacional Rubén Darío, don Ramón Rodríguez, sin cuyo talento artístico y dedicación personal no sería posible montar un espectáculo de tan alto vuelo, como esta presentación de Carmen y otras grandes obras que gracias a él han sido montadas con gran éxito en el mismo escenario nacional.
A pesar de eso, para finalizar no puedo dejar de mencionar que me causó extrañeza que se hubiera escogido la ópera Carmen para esta celebración de Europa. No porque esta obra consagrada del gran músico francés Georges Bizet no sea una digna expresión de la cultura musical europea y universal, sino porque su culminación dramática es un femicidio, el asesinato de Carmen por don José enloquecido por los celos que le provoca su amada infiel.
El femicidio es ahora un tema muy sensibl. En la novela de Prosper Merimee, en la cual se basa la ópera Carmen de Bizet, al menos se deja constancia de que el femicidio cometido por don José es castigado, pues después de asesinar a Carmen él se entrega a las autoridades, las cuales hacen justicia condenándolo a muerte. Un final ejemplar que Bizet no incluyó en la ópera, en cuyo final, aunque no haya sido esa la intención del genial compositor, queda flotando la sensación de que acaso don José tuviera razón de cometer el femicidio.
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