Tuiter: @Fabian_Med
Sorprendidos
Me sorprende que haya muchos sorprendidos por lo que pasó en Estelí y Ocotal. Policías que entran a tropel, allanan y capturan sin orden judicial. Se pierde de vista quién es el delincuente: si son los que llegan uniformados o son los que se llevan esposados. No se establecen cargos. Burla, escarnio. ¿Dónde está la sorpresa? Esta película, lamentablemente, ya la hemos visto varias veces. Demasiado frecuente para mi gusto. Desde hace mucho tiempo la Policía actúa así, y la mayor diferencia esta vez es que hubo una extraña orden de Daniel Ortega desautorizando el operativo y, al final, una jefa de la Policía pidiéndole disculpas a los vejados. Eso es lo que sorprende.
Preguntas
Y ahí vienen las preguntas: ¿Por qué esta vez la comisionada Granera pidió disculpas y no lo ha hecho, por ejemplo, en el caso de Nueva Guinea donde la actuación policial fue peor? ¿Por qué Daniel Ortega desautorizó públicamente a la Policía si todos sabemos que con una llamada pudo detener todo? Y sobre todo ¿Cuál era el propósito real de la redada? ¿Quién dio la orden?
Críticos “autorizados”
¿Por qué vemos ahora reclamando justicia y respeto a organizaciones, algunas personalidades y muchos medios de comunicación que nunca han dicho “esta boca es mía” cuando se suceden iguales atropellos en otras circunstancias? Por una razón decisiva: ahora hay “permiso”. Desde que Daniel Ortega salió de primero condenando el operativo que posiblemente él mismo ordenó, o conoció desde el comienzo, muchos se sintieron en la libertad de criticar a la Policía. Y no está mal que estos medios, organizaciones y personajes reclamen justicia. Al contrario, está muy bien y ojalá lo hagan siempre de ahora en adelante. Lo malo es estar esperando ese tácito permiso para hacerlo y que se haga solo en ciertos casos y cuando no se arriesga nada.
Sumisión
Si no, veámoslo al revés. Zoilamérica Ortega Murillo habla, contesta un montón de preguntas que todos nos hacíamos y pone en entredicho la calidad moral de quienes hoy gobiernan Nicaragua. Cargos graves. No solo sostiene que fue violada por Daniel Ortega, sino que desde que lo acusó hace 15 años, ha sufrido persecución y acoso en una especie de “muerte civil” que se decretó contra ella usando todo el poder del Estado. ¿Cuántos personajes y líderes de organizaciones leyeron sus declaraciones, se indignaron, pero prefirieron el silencio? ¿Cuántos medios de comunicación decidieron dejar el tema fuera de su agenda informativa para no meterse en problemas? Esa es la Nicaragua de hoy. Una sociedad miedosa. Una sociedad donde preferimos ver a otro lado y hacer como que no nos estamos dando cuenta cuando los abusivos cargan contra alguien, sin percatarnos que en otro momento será contra nosotros que estarán cayendo, y serán los otros quienes verán a otro lado.
Noruega
Y no solo nosotros. Resulta vergonzoso cómo el Gobierno de Noruega no solo cedió al chantaje al que lo sometió el Gobierno al exigirle excluir a Zoilamérica Ortega de sus proyectos de “diversidad sexual” en Nicaragua, sino que al final, aparentemente, se unió a los acosadores, para ganar puntos. Es casi como que a alguien y a una amiga se les apareciera un delincuente y lo amenazara para impedir que ayude a la mujer que piensa violar. Y ese alguien, por cobardía, decidiera no intervenir en el abuso, y al final hasta ayudara al criminal a desvestir a su víctima para facilitarle el trabajo. Y no creo, señores de Noruega, que proteger los derechos de unas personas justifique su participación en la violación de los otros. Eso no se vale.
Plata y palo
Razones hay para tener miedo. Vivimos unos tiempos donde se reprime con saña todo lo que incomoda al poder. Tiempos (otra vez) de plata para los amigos y palo para los inconformes. Vivimos unos tiempos donde los juicios se han vuelto la principal herramienta de represión y donde muchas veces vemos a jueces, policías y fiscales actuar como sicarios para castigar al disidente. Es demasiada casualidad que aparecen o se reviven extraños juicios solo contra los que el poder ha decidido castigar con palo y nunca, nunca contra aquellos que gozan de la gracia de la Familia. La cárcel y los tribunales se han vuelto los nuevos paredones del poder y son cada vez menos lugares donde se hace justicia.
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