Ezequiel D’León
1. Las cosas van a como van
Esta columna se te inclina. Te brota sola. Eleva su torpe sostén sobre el imago del mundo. Esta columna declara a sí misma una nada para nadie: va como vieja bandera desprendida de toda pértiga, en penetrante vuelo, neumática tela al arbitrio de la desierta villa. Esta columna es vértebra de viva resonancia, en ilimitado límite, reencontrada. ¡Sin fin!
Nace tu voz como cosecha de lo humano ¡No! Se te pudre la voz, más bien. Boca de todo lo febril eternamente clausurada, tras psicótica noche de horribles conejos-dientes-mariposas. Cierta vez, hubo mujer de hielo-fuego que tuvo la altanería de quererte, entregarte todo por completo. Y fue fatal Tanto que ¿Para qué decir? Incierto de certezas, hoy apunto: “Yo nomás fui contención del universo, yo apenas fui un asunto nomás de sobrevida, yo, un viejo argumento, no más, reiterado”.
¿Pronunciarán tu antiguo poder las mudas figuras del tablero? Se sabe poco de este misterio que es la vida, pero todo deviene junto en este fluido devenir Un cielo anuncia un cambio que subsiste… El camino de bajada es siempre igual a la ruta de subida. La has cruzado un millón de veces —Sísifo entrañable— con tu alma anciana. ¿Te costará una última vez más definitiva rehacerte a solas? Tanto que ¿Para qué decir? Yacés abajo, muy en el fondo, en el Seol de vos mismo, donde tu cerebro desborda los sueños y tus huesos no tienen refrigerio… Pero sí: aún hay Nina Simone modulando un piano, aún hay Bobby Marley glorificando a Jah en las alturas (“Lord, I’ve got to keep on moving”, dice el profeta), aún existe un té negro recién hervido, una mesa de la Glorieta prorrogándote en la partida de ajedrez que queda en tablas, un par de botas que te encarga una bella luciérnaga lejana, un capítulo de Sartoris (“But presently she flung the book away and went to the piano again”, escrivive William Faulkner), una mirada optimista del Dr. Grecco, una caminata en el malecón soleado, una plegaria convertida en cuerpo Cosas que te ofrendan la esperanza del todavía. Habrá otras voces como escorias de carbón, al rojo vivo, todas ellas interesadas en tu destino, en tu trono vacío de palabras. Mas vos, engreído de humildad, sabrás hacerte el sordo.
2. La profecía en resistencia
(El apego parece ser una estrategia del marketing cotidiano, pero ni se te ocurra sugerirlo en un recital de esos en los que te hacen leer en atriles de ébano colonial. No sé La tristeza ha perdido ya toda su magia. Marchan, huidizas, dos sombras amantes fusionadas en su ínfima dolorosísima muerte).
Esta columna es hoguera que revivificará lo muerto, en callada ceremonia revivificará el corazón del afligido, es hoy fresca cicatriz, pero mañana oscilará armoniosa entre la danza de la fijeza y las neuronas tras la frente. Así sea.
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