Salomón de la Selva menciona en su novela mitológica Ilustre Familia, a Oritía (Orithya, escribe él), de quien “se dice que tuvo suerte de perfume y de hoja de árbol. Se canta de ella que se la llevó el viento”.
Hasta donde conozco, en la mitología griega hay tres personajes femeninos con el nombre de Oritía. Una de ellas es una nereida (divinidad femenina del mar) que Homero menciona como de pasada en el Canto XVIII de La Ilíada . Otra es una reina de las amazonas (las fabulosas mujeres guerreras que solo tenían un busto en el pecho), quien muere combatiendo contra los atenienses. Esta Oritía fue sucedida en el trono de las amazonas por la famosa reina Pentesilea, quien participó en la Guerra de Troya al lado de los troyanos y murió en combate contra el héroe Aquiles.
Y la tercera Oritía, de quien habla Salomón de la Selva, es la hija de Erecteo, sexto rey legendario de Atenas, una hermosísima princesa y doncella de quien se enamoró Bóreas, el viento del norte o boreal.
[/doap_box]
Cuenta Salomón de la Selva con su hermosa y sugestiva prosa (y permítaseme aquí una extensa cita del poeta, porque vale la pena) que “por Orithya se inflamó de amores Bóreas, el primer nacido de los vientos a quienes dio a luz Aurora cuando la poseyó en su doncellez el estrellado Cielo, padre suyo. Rudo es Bóreas y habita en las montañas septentrionales. Se deleita revolviendo las aguas del Egeo, batiéndolas con formidables golpes de sus alas hasta que el víneo mar cambia de color y parece, bajo negros nubarrones y a la luz de relámpagos, pradera ilimitada donde pacieran rebaños infinitos de corderos inquietos que aún no han sido trasquilados. O bien le place ir por tierra, hacer llorar sus hojas a los fresnos, arrancar de raíz olmos y pinos en las hondonadas de los montes. Helado es su aliento y hace tiritar a los hombres y balar y mugir, como si llorasen, a las bestias de los campos. Su música es el aullido de los lobos y el sonido del caracol que ruge cuando lo sopla. Temido es el gran viento. Pero por Orithya se ha amansado ”
Jean Francois Michel Nöel dice en su Diccionario de la Mitología Universal , que Bóreas pidió a Erecteo que le diera su hija para esposa, pero el rey ateniense se negó. Entonces Bóreas “se dejó arrastrar del furor que es natural y, habiéndose cubierto de una nube oscura, llevó por todas partes la agitación y el desorden; barrió la tierra e hizo levantar por todas partes torbellinos de polvo, con uno de los cuales arrebató a Oritía”.
De la Selva lo cuenta más bonito. Narra que Oritía jugaba en el valle del río sagrado Ilisos, con sus amigas, doncellas igual que ella, mientras Boreas las observa desde lejos, respetuoso. De repente Oritía propone a sus compañeras entrar al río —que es un dios— y Boreas se pone celoso, porque Ilisos podrá acariciar “los inviolados vientres, los pechos intactos, las mejillas en que florecen rosas”. Entonces Boreas se arremolina y rapta a la doncella, “huye a sus montañas de Tracia y se encierra con la preciosa presa en caverna inaccesible, y se vuelve tierno y cálido entre los virginales muslos, sobre los virginales pechos”.
Concluye De la Selva su relato sobre Oritía que a ella no la encontraron nunca y a Bóreas jamás lo perdonaron, hasta que el viento del norte rindió tributo a Atenas hundiendo la flota del emperador Jerjes el Grande, soplando poderosamente sobre sus naves. Y por eso fue que los atenienses pudieron derrotar a los invasores persas, los que ahora se llaman iraníes.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A