Salomón de la Selva menciona en su novela Ilustre familia, a Pandión, uno de los reyes legendarios de Atenas y el Ática.
Pandión reinaba en Atenas al mismo tiempo que Labdaco era rey en Tebas, la ciudad principal de la región de Beocia. Durante el reinado de Pandión Ática disfrutaba de una envidiable prosperidad. Tan abundantes eran las cosechas de trigo y vino, que los atenienses decían que Ceres (diosa de los cereales) y Baco (dios del vino) habitaban entre ellos.
Esa bonanza provocó, según dice De la Selva, que “los pueblos circunvecinos del Ática se llenaran de envidia de los prósperos atenienses, especialmente el pueblo de Labdaco, cruel rey de los beocios”. Y agrega el autor nicaragüense que por eso Labdaco enviaba a sus súbditos “a pillar y destruir en los campos feraces del Ática. Como eran fuertes, semejantes a leones, y numerosos como enjambres de insectos, violaban a las mujeres y a los imberbes mozos, incendiaban las trojes, mataban a los ganados y se los comían, degollaban a los hombres o los hacían huir para salvar la vida, destrozaban cuanto obstáculo hallaban y cuanta fuerza se oponía a la suya”.
[/doap_box]
Esa situación provocó la guerra entre Atenas Tebas. Pero Pandión era un rey bondadoso y pacífico, a diferencia de Labdaco, quien era un hombre despiadado y aguerrido. Incluso, a Pandión, según De la Selva “le aterraba la guerra”.
Así fue que al estallar la guerra entre Atenas y Tebas, Pandión, en vez de ponerse al frente del ejército ateniense llamó en su auxilio a Tereo, rey de Tracia, de quien se decía que era hijo de Ares, dios de la guerra y en realidad era un guerrero feroz e invencible. Pandión puso el ejército de Atenas bajo el mando de Tereo “y Labdaco fue vencido en batalla destructora de hombres y asoladora de campos, y sus ciudades fueron destruidas en una tercera parte de su extensión cada una”, cuenta el poeta nicaragüense.
Todo el rico botín de guerra le fue cedido a Tereo por Pandión, quien además le dio como esposa a Procne, una de sus dos bellas hijas quienes aún eran doncellas (la otra era Filomela).
Se llevó Tereo a Procne pero al poco tiempo la joven ateniense languidecía de tristeza en Tracia. Echaba de menos a su hermana, a quien mucho amaba, tanto que le pidió a Tereo que fuera a Atenas a traerla, para que le hiciera compañía. Y fue Tereo a Atenas y Pandión accedió a que Filomela se marchara a Tracia para acompañar a su hermana Procne.
No mucho tiempo después Tereo violó a Filomela y para que no lo denunciara le cortó la lengua y la encerró en una celda. Pero Procne se dio cuenta de la cruel fechoría de su marido y llena de indignación se vengó de él en forma terrible: mató al pequeño hijo que habían procreado y de su carne dio de comer a Tereo, quien enloqueció al darse cuenta de lo que había comido. Y Pandión, cuando se enteró de la tragedia de sus hijas sufrió una gran pena moral y murió de tristeza.
“Lamentable cosa es que un rey confíe a otro el mando de su ejército, pues si así logra vencer a sus enemigos queda, empero, a merced del estratega en quien ha confiado”, escribe Salomón de la Selva, como moraleja. Lo que ocurre también en la realidad, como ocurrió en el país en 1854, cuando el supremo director Francisco Castellón trajo a William Walker para que dirigiera la guerra contra sus rivales conservadores y después el filibustero estadounidense se proclamó “presidente de Nicaragua”.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A