Tuiter: @Fabian_Med
LO BUENO Y LO MALO
Así como la comisionada Aminta Granera sale en primera fila anunciando quiebres de droga, desarticulación de bandas criminales o capturas internacionales, así también debería dar la cara ante las constantes y cada vez más graves denuncias contra la Policía. Si se va a ser jefa para lo uno, también debe serlo para lo otro, ¿no creen? Violaciones sexuales, torturas, golpizas, comportamiento partidario y tantas denuncias más que generalmente se disipan en comunicados que prometen: “Asuntos Internos investigará los hechos”. Y nunca más se vuelve a saber de ellas. Mientras sigamos así, diciendo que los logros —lo bonito— lo asume la institución y lo representa su jefa, pero los errores —lo feo— son siempre “casos aislados”, estos hechos van a seguir ocurriendo porque quienes los cometen encuentran un aval para hacerlo cada vez que la institución, en función de salvar su prestigio, le echa tierra a la caquita para taparla, como los gatos.
VIOLACIÓN EN OMETEPE
Altagracia, Isla de Ometepe, madrugada del 11 de julio de 2012. Un joven es detenido en las calles y llevado a la estación de Policía. “Aquí les traemos carne fresca”, dijo alegremente un policía mientras metían al joven en la celda que ocupaban cuatro reos más. Lo violaron. Por turnos. Durante toda la madrugada. Tres le agarraban manos y pies, mientras el cuarto lo violaba. Luego se rotaban. El joven pidió auxilio a gritos y los policías que custodiaban la estación respondieron pasándoles una caja de preservativos a los abusadores. Se enjuició a los hechores, incluyendo a los policías, pero quedó la pregunta: ¿Qué diablos está pasando en esta Policía cuando sus agentes propician gratuitamente crímenes que, por su naturaleza, deberían combatir?
ABUSOS EN NUEVA GUINEA
Nueva Guinea, noviembre 2012. Un grupo de opositores locales protesta en el parque porque consideran que les robaron las elecciones municipales. Los miembros del Frente Sandinista del lugar organizan como respuesta una marcha que va con malas intenciones al mismo lugar de la protesta. La Policía se retira del lugar deliberadamente para que los que llegan puedan agredir con tranquilidad a los que reclaman. No solo eso, al final se unen con los oficialistas en una sola turba, donde ya no se sabe quién es autoridad y quién militante político. Civiles que detienen a ciudadanos y policías que gritan consignas partidarias. Llevan 59 opositores y ningún oficialista a las celdas locales y, uno a uno, los golpean con saña. A algunas mujeres las vejan sexualmente. “A los hombres los pasaban a un cuartito llamado La Pollera, en el que eran golpeados. A nosotras, las mujeres, nos colocaban frente a la pared y nos abrían las piernas. Los policías les decían a las muchachas que estaban ricas para cogérselas”, relató Elizabeth Pavón, una de las golpeadas. El alto mando de la Policía prometió una investigación, cuyo resultado, cinco meses después, se desconoce. No hay detenidos ni expulsados.
MÁS CASOS
Hay más. Una niña es violada en masa por policías que la secuestraron mientras ella jugaba con su perro, en la calle bajo la lluvia. Otra mujer dice haber sido violada por su custodio en una celda policial. Dos ciudadanos más aparecen muertos en sus celdas, en delegaciones policiales diferentes Es demasiado. Y eso debería hacernos pensar que algo está pasando con la Policía. Sobre todo, debería pensarlo doña Aminta Granera y dejar de estar creyendo que la única Policía que ella representa es la que sale bonita en la foto y da buenos puntos en las encuestas.
BARBARIE
¿En qué quedó la investigación de Nueva Guinea? ¿Por qué se han vuelto comunes en las celdas las golpizas, las violaciones y, ahora vemos, las muertes? No puede la Policía lavarse las manos atribuyendo a otros reos lo que ocurre en sus celdas. Las personas que están ahí, sea por el delito que sea, están bajo su resguardo. No son animales que se tiran al matadero. ¿Por qué la primera reacción de la delegación policial que recibió la denuncia sobre la niña violada fue encubrir a los hechores y entorpecer la investigación? Ojo, hay muchas preguntas y pocas respuestas. Y, cuando se deja de confiar en la autoridad, ocurren cosas como las de Tipitapa o La Paz Centro. Y nadie en su sano juicio quiere llegar a ese punto: un Estado donde los delincuentes son los policías y la única justicia que se tiene es la que se hace por propia mano. La barbarie.
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