José Velázquez Escobar
Con la reciente decisión de la multinacional brasileña Vale do Río Doce (CVRD) de suspender el Proyecto Río Colorado dedicado a la producción, industrialización y distribución del cloruro de potasio, no solo están en juego seis mil empleos, un corredor logístico ferroviario, una terminal portuaria en la ciudad de Bahía Blanca y la transformación de Argentina en una potencia exportadora del fertilizante. Un severo golpe para un país cuya innegable decadencia política, económica y social es el más claro y deplorable ejemplo de la destrucción que políticas populistas pueden causar inclusive en países con abundantes recursos naturales como es el caso de Argentina.
El impasse también amenaza con acentuar una peligrosa escalada de reacciones políticas y económicas entre Argentina y Brasil, que abonaría a la creencia —bastante generalizada— de que el Mercosur como bloque de comercio e integración ha sido un experimento fallido que nunca logró ni logrará alcanzar la anhelada unificación pretendida por sus forjadores.
Cuando los cuatro socios fundadores (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) decidieron en 1991 llevar adelante la ambiciosa idea de formar un mercado común inspirado en el modelo europeo, parecen haber olvidado o no tomado en cuenta el ADN latinoamericano, en donde los intereses políticos siempre superan ampliamente los jurídicos y los comerciales. Desde su fundación, pero más acelerado en la última década, cualquier proyecto orientado a ampliar el intercambio comercial ha sido rehén de los vaivenes políticos prevalecientes y tal como el Proyecto Río Colorado puede ser descarrilado, interrumpido o inclusive eliminado como consecuencia de decisiones políticas o ideológicas del gobernante de turno.
El ejemplo reciente más patético de esa politización fue el proceso de inclusión de Venezuela como miembro pleno. Fue siempre evidente que el interés del fallecido presidente Chávez no era otro que el de utilizar al bloque como instrumento para el avance de su ególatra proyecto antimperialista y del socialismo del siglo XXI. Las ventajas económicas para Venezuela eran y son irrelevantes e inconsecuentes para ese país, ya que con su mínima capacidad exportadora solo podrá resultar en una simple sustitución del origen de importaciones desde el Norte por el Sur. Igualmente patético fue la decisión de expulsar ilegalmente a Paraguay, so pretexto de castigarlo por la realización del inventado golpe de Estado, perpetuado contra el fértil sacerdote, metido a político y adepto ideológico del grupo Alba. En una movida a todas luces politizada se ignoraron los estatutos que no permiten la inclusión de ningún nuevo socio si no es con la aprobación de los cuatro miembros (o esperar hasta su reincorporación en el caso de una suspensión) y procedieron expedita y arbitrariamente a votar en favor de incorporar a Venezuela, a todas luces un país bajo un régimen violador de los principios democráticos y de su propia Constitución.
En el ámbito puramente económico el experimento ha sido una constante confrontación de intereses proteccionistas, sobre todo desde el lado argentino y en menor grado del Brasil. Durante la era K (de Kirchner) como es conocida en Argentina y más aceleradamente en este segundo periodo presidencial de la mandataria, se han tomado extremas y mal orientadas medidas proteccionistas que, aparte de tratar de proteger el nivel de las reservas monetarias, abundan en propósitos politiqueros y deseos de contener una fuga de divisas que ya han producido considerables pérdidas al sector empresarial y pánico en el Gobierno y público en general.
Ante estas y muchas otras incongruencias a lo largo de sus más de dos décadas de existencia, en muchos casos más bien estorbando que facilitando necesarias expansiones comerciales, como bloque o individualmente, sus estatutos no permiten a sus miembros hacerlo en forma individual es quizás el momento de reflexionar sobre su futuro y aceptar que, tal como bien dijo el presidente Mojica, del Uruguay, el Mercosur se ha convertido en una mala unión aduanera y un bloque de carácter paquidérmico. El autor fue cónsul de Nicaragua en Miami.