Los nicaragüenses llevamos décadas buscando la democracia, pero hemos fracasado miserablemente en esa tarea. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: simplemente porque no sabemos lo que estamos buscando y en más de una ocasión nos hemos felicitado por haberla “encontrado”, solo para desilusionarnos poco tiempo después.
¿Por qué digo que ni siquiera sabemos lo que estamos buscando? Porque veo las encuestas: La reciente encuesta de Borge y Asociados reporta que a la pregunta: “Diga usted si cree o no cree que vivimos en democracia”, un 58 por ciento de los mil y pocos encuestados dice que sí cree que vivimos en democracia y un 34 por ciento dice que no lo cree. La encuesta de Borge y Asociados fue realizada entre el dos y el ocho de abril, a nivel nacional.
La encuesta de otra empresa, M y R Consultores, realizada entre el dos y el 18 de abril, prácticamente al mismo tiempo, reporta que el 71.9 por ciento de los 1,600 encuestados considera que el presidente inconstitucional Daniel Ortega es un presidente “democrático”.
Algunos podrán alegar que, tal vez para mí, el inconstitucional y su régimen no son democráticos, pero para una gran mayoría de nicaragüenses sí lo son. Pero la verdad es que las cosas son lo que son porque reúnen una serie de características claramente definidas. La democracia, igual que, por ejemplo, un ser vivo, debe reunir las características claramente definidas para calificar como tal.
Un ser vivo —recuerdo esta maravillosamente simple pero exacta definición de algo tan complejo— es aquello que nace, crece, se multiplica y muere. Sin una de esas características, no se es un ser vivo.
Da la casualidad que justo cuando salen estas encuestas he estado leyendo una serie de artículos sobre la democracia y su desarrollo y hay uno, escrito por los profesores Larry Diamond y Leonardo Morlino, que se titula: La calidad de la democracia . En él, los autores enumeran las características que debe tener ese sistema. Me limitaré a presentarlas para que veamos si en realidad vivimos en una democracia y si el inconstitucional es “democrático”.
Primero, una democracia debe respetar la supremacía de la Ley, que nadie esté por encima de esta y que todos los ciudadanos sean iguales ante la misma.
Segundo, debe haber alta participación de la ciudadanía, pero no solo en tiempos de elecciones, sino también en los partidos políticos y en las organizaciones de sociedad civil, que no son las que conocemos aquí, sino, por ejemplo, asociaciones de vecinos que se organizan por su libre y espontánea voluntad por el bien de la comunidad.
Tercero, debe haber competencia, o sea elecciones libres, justas, transparentes, donde cada voto vale y es verificable.
Cuarto, debe haber rendición de cuentas, que a los funcionarios se les pueda hacer responsables de sus actos, exigirles ciertos comportamientos y castigarlos si los incumplen. Esa responsabilidad debe ser vertical, de los elegidos hacia los electores, pero también horizontal, o sea que deben haber instituciones independientes, del mismo Estado, que controlen y limiten el poder de los gobernantes.
Una democracia debe tener, continúan los profesores, libertad. Que los derechos individuales de los ciudadanos —por ejemplo la libertad de expresión— estén garantizados y protegidos.
Sexto, igualdad, inicialmente en los derechos políticos de los ciudadanos, pero para que esa igualdad se mantenga debe haber equidad en las oportunidades económicas y sociales del sistema. De lo contrario, todo se derrumba cuando los grupos empiezan a exigir sus derechos y los espacios se cierran.
Y por último, debe haber de parte del Estado, de los gobernantes, una actitud de respuesta hacia las demandas de los gobernados. Claro está, explican, que no se podrá dar todo a todos, pero al menos debe haber un sistema que permita que las demandas de los ciudadanos sean planteadas y escuchadas y, muy importante, que si el gobierno no es lo suficientemente eficiente para resolver las demandas más sentidas, la ciudadanía tenga la posibilidad de sacar a esos políticos del poder de una manera pacífica, predeterminada y ordenada. O sea, mediante los votos.
¿Con cuántas de estas condiciones enumeradas por Diamond y Morlino cumple el régimen orteguista y el propio inconstitucional para que los nicaragüenses podamos esta es una “democracia”?
Puede que muchos de los que están contestando las encuestas respondan así por miedo. Pero precisamente muchos están en esa situación de miedo porque no saben lo que es la democracia y mucho menos cómo defenderla. Tenemos mucho que aprender.
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