Tuiter: @Fabian_Med
Nuevos ricos
Hay una casta de nuevos ricos. Se les ve por todos lados. Y los hay de todos. Chiquitos, medianos y grandes. Vergonzantes y opulentos. Los vergonzantes son esos que lucen camisas raídas, viven —o simulan vivir— en la casa de barrio pobre que tenían antes de que la “suerte” les sonriera, pero pueden pagar 300,000, medio millón de dólares o más por una casa, billete sobre billete. Los ostentosos son aquellos desesperados por mostrar lo que tienen: se compran mansiones, manejan flotas de carros de lujo, se hacen casas de magnates en la playa y no tienen empacho en presumir lo que hasta hace poco era imposible que tuvieran. Es cosa de tiempo para que los primeros pasen a comportarse como los segundos, pues ¿de qué sirve acumular riquezas si se sigue viviendo por vergüenza como pobre? Ya la perderán. La vergüenza, digo.
Contradicción
La Nicaragua inexplicable. En un mismo noticiero se puede ver dos noticias aparentemente contradictorias. En una, que la Policía puntea en las denuncias por violación a derechos humanos, incluyendo tortura. Y por el otro, que una encuesta pone a la comisionada Aminta Granera, la jefa de esa Policía, como una de las personalidades mejor valoradas del país. ¿O alguien está equivocado aquí o somos una sociedad masoquista que premia a quien la maltrata?
Cera del altar
A ver, a ver, no es que sea malo que haya nuevos ricos en el vecindario. Al contrario. Lo malo sería que hubiese nuevos pobres. Pero antes de tirar cohetes para celebrar la repentina suerte que han tenido estos señores hay dos consideraciones que hacer. Una, que estos nuevos ricos generalmente están relacionados con la política y el servicio público. Y eso ya los vuelve sospechosos, aunque todavía podemos darles el beneficio de la duda, porque ¿acaso un servidor público está condenado a ser pobre o clase media toda su vida? Dos, y esto es lo que hace oler mal por esos lados, ningún órgano de Estado —la Contraloría en este caso— se preocupa por asegurarse que ese dinero fue legal y legítimamente conseguido. El “enriquecimiento ilícito” es penado por la Ley y ¿cuándo usted ha visto a alguien condenado por ese delito? ¿O acaso no hay funcionarios que se vuelven ricos de la noche a la mañana sin que haya forma matemática de establecer una correspondencia entre lo que tienen y el salario que devengan? Y ya lo dice el viejo refrán: Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca de la oreja o la roba del altar.
Drogas
En una de las pocas cosas que coincido con Daniel Ortega es que Estados Unidos no puede estar culpando a los países del sur de ser poco eficientes en la detención de la droga sin considerar que es en su país donde está la gran cantidad de consumidores que alimenta el narcotráfico. Si Estados Unidos resolviera los problemas de consumo de sus ciudadanos, nosotros tendríamos menos problemas con estas mafias que asuelan nuestra región. Sin demanda, no hay oferta.
Arriba los pobres del mundo
El otro gran problema de estos nuevos ricos es que han amasado sus fortunas “luchando por los pobres”. Los pobres son su negocio. Es una crueldad suprema, porque han logrado meterle mano a tanto dinero a costa de la pobreza de aquellos que los siguen con la esperanza de dejar de ser pobres algún día, sin saber que, para que sus líderes redentores sean ricos, ellos tienen que seguir siendo pobres. Per saecula saeculorum
¿Y el dinero?
¿Por qué no se ha podido entregar la pensión reducida a esos ancianos que protestan y mueren en esas calles de Dios? Porque no hay dinero. ¿Por qué no se puede incrementar el presupuesto de Educación que —lo dicen todos los ejemplos exitosos del mundo— es la llave para salir del subdesarrollo? Porque no hay dinero. ¿Por qué los maestros ganan esos míseros salarios que ni siquiera pueden compararse con el más bajo de los que ganan sus colegas en otros países de la región? Porque no hay dinero. Y podría seguir, pero el punto es que quienes a diario nos dicen que no hay dinero para estas urgencias vitales son los mismos que sí encuentran dinero para comprarse casas de tres millones de dólares en las playas, o gastar cien mil dólares en los escoltas de un solo día que los protegen de atentados imaginarios, o derrochar dinero instalando y manteniendo árboles navideños por todo Managua sin que nadie lo entienda. Es un crimen.
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