Mariano Marín
En el tiempo de mi niñez y juventud viajaba a Managua a pasar el día o vacaciones y más de una vez viajé en autocarril, como se le llamaba al tren “rápido”. Luego en un bus de la empresa Cóndor, hacía dos viajes al día. Uno por la mañana a la siete de la mañana y otro a las siete de la noche de regreso.
El bus era uno de los que se compraban de la Greyhound, ya descartado por estar fuera de las reglamentaciones de las leyes norteamericanas pero que aún se podían utilizar en los países del tercer mundo sin problemas. En esos tiempos y dadas las condiciones de las carreteras del país, tardaba una hora entre Granada y Managua.
Han pasado los años y digo muchos años y las condiciones de los pasajeros entre las dos ciudades siguen siendo o peor aún, se ha incrementado el tiempo e incomodidades para el viaje de los usuarios, a pesar de los beneficios que los dueños de transporte han logrado ganar. Ya sea por paros o protestas etc , sin embargo los que viajamos ya sea consuetudinariamente o esporádicamente, sentimos que el trato del servicio no ha mejorado en lo más mínimo, más bien las incomodidades y peligro se han aumentado.
Es increíble que en otros países que considerábamos de mayor pobreza o de condiciones del transporte se hayan superado y están en condiciones de brindar el servicio al menos más cómodamente y sin tanto costo a los usuarios.
Nosotros tenemos ahora gracias a nuestro gobierno unas carreteras de mejor calidad y seguridad que el resto de Centroamérica, pero el servicio de transporte está peor que el que cuando viajábamos en los años sesenta o setenta, a cualquier parte del país.
Lo más triste es que por la necesidad de llegar al trabajo o a una reunión, tenemos que soportar una música y unos gritos del ayudante del bus que en el oído grita y reclama el pasaje como que uno fuera, no un pasajero sino una persona que le importuna su comodidad y le molesta. Me pregunto, qué pensarán los turistas en la ciudad más turística del país, al ver esto.
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