La educación en las zonas rurales carece de todo. Ahí tanto estudiantes como profesores deben recorrer largas distancias para ir a las escuelas. LA PRENSA/ ARCHIVO

Duro camino hacia la calidad educativa

El camino que recorre Aníbal Benavídez está lleno de obstáculos. Cada mañana camina por dos horas sobre una trocha donde hasta las bestias avanzan con dificultad. Finalmente, logra llegar a la única escuela que hay en la comunidad Las Mesetas, en el departamento de Estelí. Ahí trabaja.

Jeniffer Castillo Bermúdez

El camino que recorre Aníbal Benavídez está lleno de obstáculos. Cada mañana camina por dos horas sobre una trocha donde hasta las bestias avanzan con dificultad. Finalmente, logra llegar a la única escuela que hay en la comunidad Las Mesetas, en el departamento de Estelí. Ahí trabaja.

Su premio, dice, es un aula con 17 alumnos que cursan desde primero hasta sexto grado de primaria en un mismo salón de clases, sin los materiales didácticos necesarios para desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje y bajo la guía de un mismo profesor.

“Esto (la docencia) uno lo hace por compromiso, con el corazón, porque lo que se gana es poco”, dice el profesor que se encarga de mantener a su mamá y hermanos en la comunidad El Espinal, en Estelí.

Él gana 5,000 córdobas mensuales. Eso le impide alquilar un cuarto para vivir cerca de la escuela donde trabaja, que está situada a 14 kilómetros de su casa.

Tampoco lo hace porque “en ese sector no hay condiciones, el agua no… todo queda lejos y es muy difícil, yo por eso viajo diario en mi bestia o a pie, pero también hay días en los que el camino se pone tan feo que ni las bestias pueden pasar y uno tiene que buscar qué hacer para llegar a dar clases”, asegura el profesor.

Él tiene 23 años, cuatro de ellos los ha dedicado a la docencia y su tarea más difícil es que “cada día salgo de mi casa a las 5:00 de la mañana y a esa hora no desayuno, vengo desayunando hasta como a las 2:00 de la tarde que llego a mi casa, porque el salario no es bueno”.

En Nicaragua hay casi 46 mil docentes que laboran para el sistema de educación pública, según la planilla del Ministerio de Educación.

LA CALIDAD DE VIDA

Todos los maestros necesitan que su calidad de vida mejore, para que la calidad de la educación mejore, dice el padre Fernando Cardenal, director nacional de Fe y Alegría.

Los maestros de Nicaragua —además de recibir el salario más bajo de Centroamérica, 150 dólares mensuales en promedio)— deben desarrollarse en escuelas dañadas, tienen que recorrer largas distancias para enseñar a sus estudiantes y, en el peor de los casos, atienden a más de sesenta estudiantes por sesión.

La Ley General de Educación establece que cada maestro debe atender a 35 estudiantes por aula.

Por eso, para reducir la cantidad de alumnos por maestros, reconoce Jorge Mendoza, coordinador del Foro Educación y Desarrollo Humano, el país necesita definir una política de contratación docente, pues actualmente existe un déficit de 10,000 maestros.

En el mundo, para que la educación para todos sea efectiva en 2015, hacen falta 1.7 millones de maestros, de acuerdo con Sergio Pivaral, representante de IBIS-Nicaragua.

Pero no solo se trata de contratar más maestros, sino que hay que garantizarles capacitaciones y actualizaciones continuas, de acuerdo con Silvio Gutiérrez, director ejecutivo de Fe y Alegría.

Hoy el profesor Aníbal Benavídez no llegó a la escuela Las Mesetas, pues participó en el encuentro magisterial organizado por Fe y Alegría, en el segundo día de la Semana de Acción Mundial por la Educación, que este año está dedicada a la labor docente.

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