Félix Rivera M.
Con gran esfuerzo y sacrificio —que incluye la hipoteca de su finca al prestar dinero a una financiera—, Pedro Javier López, productor de frijoles del municipio de San José de Bocay, Jinotega, alistó sus tierras para producir frijoles. Pero ahora se enfrenta a una terrible realidad: “No los puedo vender porque los comerciantes los quieren a precio regalado”.
Produjo en la siembra de apante 100 quintales. La historia de Pedro Javier no es la única. La misma situación enfrentan otros productores. “El problema de la saturación del mercado nacional de frijoles vino por la medida que tomó el Gobierno a finales de 2010 e inicios del 2011, de cerrar fronteras hacia El Salvador para proteger a los consumidores, debido a que en ese tiempo el quintal de frijoles alcanzó un precio récord en nuestro país, fluctuando entre 1,500 y 2,500 córdobas el quintal’, opinó don Joaquín Zeledón, fuerte comprador y exportador de frijoles de Jinotega.
López acusó a los “comerciantes de aprovechar la situación y ofrecerle entre 250 y 350 córdobas por quintal al productor, cuando lo que debería de costar es entre 500 y 650 el quintal, debido a los altos costos de producción”.
Dijo que prefiere guardar y almacenar su cosecha, “que irla a regalar a los comerciantes”.
José Adán García, delegado del Magfor en Jinotega, reveló que “una empresa salvadoreña se encuentra en el área rural de Jinotega hablando con productores para tratar de comprarles las cosechas de frijoles de forma directa y sin intermediarios”.
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