CARACAS/AFP
La Iglesia católica venezolana se ofreció como mediadora entre el gobierno y la oposición después de que el papa Francisco llamara este domingo al diálogo para superar la crisis política desatada por las elecciones de hace una semana.
«Invito al querido pueblo venezolano, y en particular a sus responsables institucionales y políticos, a que rechacen firmemente toda violencia y establezcan un diálogo basado en la verdad, el reconocimiento mutuo, en la búsqueda del bien común y en el amor por la nación», dijo el papa argentino Francisco dijo, tras la oración Regina Caeli en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.
El cardenal venezolano Jorge Urosa agradeció al pontífice y ofreció su mediación entre el chavista Nicolás Maduro, que ganó las elecciones por 1.8 punto de porcentaje, y el líder opositor Henrique Capriles, que hace depender su reconocimiento al recuento de los votos.
«Me complace muchísimo que el papa (…) haya elevado esas oraciones especialmente por nuestro país», dijo al canal de noticias Globovisión. «La conferencia espiscopal se ofrece como una especie de elemento de mediación para propiciar ese diálogo».
Francisco dijo que sigue «con atención» y está «muy preocupado» por la situación política de Venezuela, que se prepara para realizar la próxima semana una auditoría parcial del sistema de votación.
«De acuerdo Papa Francisco, estoy preocupado por la Intolerancia El Odio y la Violencia que generó muertos y heridos», respondió en su cuenta en Twitter Maduro, investido el viernes como presidente entre las críticas opositoras.
«Vamos invocando a Cristo Redentor, a San Francisco de Asís para con sus bendiciones Proteger al Pueblo y hacer La Paz. La Paz», agregó.
El líder opositor, Henrique Capriles, también acusó recibo del comentario del pontífice: «Millones de gracias al Papa Francisco por su mención a nuestra Venezuela y la búsqueda de soluciones sobre la base de la verdad», escribió en Twitter el abogado de 40 años.
Maduro, heredero político del fallecido Hugo Chávez, invitó a la oposición a dialogar durante su investidura: «Los llamo a conversar en los distintos escenarios que se pueda conversar. Yo estoy dispuesto a conversar hasta con el diablo», señaló, aludiendo a Capriles.
El líder opositor respondió el sábado diciendo que acepta el diálogo, «pero no con una pistola en la cabeza ni sobre la base del chantaje».
AUDITORÍA EN PUERTAS
Entretanto, los miembros del equipo auditor de la oposición, que fiscalizará la revisión de los comicios que dieron ganador a Maduro, trabajaban el domingo de cara a la auditoría prevista.
«Estamos reunidos en este momento con Esdata (oficina independiente de revisión técnica de procesos electorales), quienes están incorporados al equipo», escribió el domingo el líder del equipo auditor de la oposición, Ramón José Medina.
El Consejo Nacional Electoral accedió el jueves a realizar, parcialmente, la auditoría que reclamaba Capriles, quien perdió hace una semana por un margen de 1.8% de los votos.
La vicepresidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Sandra Oblitas, llamó el sábado a «no crear falsas expectativas sobre lo que es una auditoría, que de ninguna manera revierte el resultado electoral», y remarcó que una eventual impugnación debe realizarse en una instancia judicial.
Oblitas explicó que se auditará el proceso que condujo a esos resultados, pero los resultados permanecerán sin cambios.
En un proceso que durará más de 30 días, el organismo revisará una muestra del 46% de las urnas, mientras el 56% restante fue auditado por ley el mismo día de las elecciones.
El inicio de la auditoría está previsto para la semana próxima, en una fecha aún sin precisar, luego de que se defina el lunes el protocolo a realizar.
GOBIERNO DE CALLE
Maduro, un exconductor de autobús que llegó a ser canciller y vicepresidente, fue investido el viernes como el «primer presidente chavista de la historia» bajo la aprobación de una veintena de mandatarios, los vítores de miles de seguidores y el metálico ruido de fondo de las caceroleadas de la oposición.
Se espera que el líder de izquierda, quien prometió profundizar la revolución, informe de un momento a otro la composición del gabinete de su «gobierno de calle», como califica al que, al parecer, consistirá en un gobierno basado en la microgestión y en recorridos en autobús por el territorio nacional.
En Venezuela, ambos bandos se responsabilizan mutuamente por la violencia desatada tras las elecciones del domingo, luego de que Capriles desconociera la victoria de Maduro y sus seguidores salieran a las calles a manifestarse. Las protestas dejaron 8 muertos y 60 heridos, según el gobierno.
Tras los hechos violentos, los opositores se replegaron en sus casas y como medida de protesta hicieron sonar cada noche sus cacerolas, mitigadas en parte por el estruendo de los fuegos artificiales que el gobierno propuso estallar en respuesta.
Maduro tiene como tarea urgente enderezar la economía, dependiente de la renta petrolera y las importaciones, afectada por la inflación, la escasez y la falta de divisas; y combatir la inseguridad en el país sudamericano con récord de homicidios -54 por cada 100,000 habitantes, según cifras del gobierno.