Esta semana el pueblo de Estados Unidos ha sido víctima, otra vez, del ataque artero y sangriento del terrorismo.
Subrayamos que es el pueblo estadounidense la víctima del terrorismo, porque aunque los terroristas y sus simpatizantes y padrinos tratan de justificarse diciendo que su odio y su ataque mortal es contra el imperio o el imperialismo, contra el capitalismo, contra el sistema de vida occidental, la verdad es que los muertos, los mutilados y los arruinados por el terrorismo para el resto de sus vidas, son seres humanos comunes y corrientes, personas sencillas del pueblo.
Y lo mismo se debe decir de las víctimas del terrorismo en Afganistán, en Irak, en Paquistán, en Rusia, en Europa Occidental, en todas partes donde los terroristas realizan sus repugnantes ataques criminales. La gente común es siempre la víctima de las bombas que estallan generalmente en lugares muy concurridos, porque el objetivo de los terroristas es precisamente causar el mayor daño posible, matar a la mayor cantidad de inocentes.
En el ataque terrorista de Boston, ocurrido el lunes de esta semana, las víctimas fueron otra vez seres humanos indefensos e inofensivos, quienes estaban en el lugar de la tragedia por un espectáculo deportivo. Fueron personas como el niño Martin Richard, de solo 8 años de edad, quien fue uno de los asesinados por los terroristas; su hermanita menor, Janey, de apenas 6 años, a quien le amputaron una de sus piernas; y Denise, la madre de ambos niños, quien sufrió una grave conmoción cerebral.
¿A quién o a qué, Denise, Martin y Janey le hicieron algún daño para merecer esa inaudita saña de los terroristas? ¿Qué imperialistas son esas personas indefensas e inofensivas, incluso niños, asesinados sin compasión por los terroristas, quienes quiera que estos sean, cualquiera que sea su país de origen o la causa que los impulse a cometer sus crímenes contra la humanidad?
El terrorismo no es un fenómeno criminal exclusivo de nuestro tiempo. Terrorismo ha habido en todas las épocas y seguramente habrá por mucho tiempo más. La diferencia es que aunque el objetivo del terrorismo ha sido siempre causar el máximo daño material y matar a la mayor cantidad de seres humanos, ahora los terroristas parecen ser más despiadados. Y mucho más peligrosos, porque las tecnologías modernas que mejoran la vida y amplían los espacios del entretenimiento, sirven también para facilitar la elaboración de los artefactos terroristas.
Inclusive, los terroristas pueden ahora actuar de manera individual, sin necesidad de correr el riesgo de pertenecer a ninguna organización. Aprenden por sí mismos a elaborar artefactos terroristas de gran capacidad letal y destructiva. Por eso el exministro de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, dijo en una ocasión que a lo que más temía era al ataque de un “lobo solitario”, refiriéndose al terrorista que actúa solo y por su propia cuenta, a lo sumo asociado con algún hermano y compinche como ha sido el caso de los chechenos que hicieron estallar las bombas en el maratón de Boston.
Pero el terrorismo hace salir también lo bueno que hay en el interior de las personas normales. En las imágenes de Boston del lunes pasado, se vio cómo la mayor parte de quienes corrían después de los bombazos no lo hacían para escapar, sino para ayudar a los heridos. Por eso dijo con razón el presidente Obama: “Esto es lo que somos. Esto es lo que (los terroristas) encontrarán siempre”.
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