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Los iraquíes van a las urnas con la violencia como telón de fondo

Los 13.8 millones de iraquíes con derecho a voto empezaron este sábado a votar para renovar los parlamentos provinciales en las primeras elecciones desde que se fueron las tropas estadounidenses a finales de 2011, tras una campaña marcada por el recrudecimiento de la violencia.

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Los 13.8 millones de iraquíes con derecho a voto empezaron este sábado a votar para renovar los parlamentos provinciales en las primeras elecciones desde que se fueron las tropas estadounidenses a finales de 2011, tras una campaña marcada por el recrudecimiento de la violencia.

Las elecciones serán en realidad un barómetro para el primer ministro, el chií Nuri al Maliki, con problemas con sus socios de coalición y la minoría suní, ante las legislativas previstas el próximo año. Tanto diplomáticos como observadores han emitido sus reservas sobre la credibilidad de esta elección, dado que solo 12 de las 18 provincias participan en las mismas.

En el norte, las tres provincias de la región autónoma del Kurdistán disponen de un calendario electoral diferente y, en Kirkuk, un contencioso entre diferentes comunidades impide la celebración de estas elecciones. Asimismo, dada la inestabilidad que reina en Bagdad, la capital ha decidido posponer los comicios en Al Anbar (oeste) y Nínive (norte), dos provincias de mayoría sunita donde tienen lugar la mayoría de las manifestaciones antigubernamentales desde hace cuatro meses.

La campaña, así como los primeros meses del año, se han visto marcados por un neto recrudecimiento de la violencia. Catorce candidatos han sido asesinados desde el principio de año y los atentados se han multiplicado. Más de 100 personas han perdido la vida a lo largo de la semana pasada en atentados, entre ellos uno contra un café en un barrio sunita del oeste de Bagdad.

En la mañana de este sábado se han producido nuevos incidentes. Dos personas resultaron heridas por tiros de mortero cerca de un colegio electoral en el sur de Bagdad y una bomba estalló en la provincia de Babilonia cerca de la vivienda de un miembro de las fuerzas de seguridad, sin dejar heridos.

En un intento de tranquilizar a los iraquíes, Nuri Al Maliki explicó a «aquellos que tiemblan por el futuro de Irak y que temen un regreso de la violencia y de la dictadura que las papeletas de voto son el arma que nos permitirá luchar». «No hay vuelta atrás», prometió en la cadena pública de televisión Iraquiya después de votar. Las fuerzas de seguridad han reforzado los controles y se han desplegado «todas las fuerzas» al servicio de los ministerios de Interior y de Defensa, según Saad Maan, portavoz del primero.

Sólo los vehículos que cuentan con permiso especial pueden circular y los alrededores de los colegios electorales están protegidos con alambradas. Los colegios electorales abrieron a las 7h locales (4h GMT) y cerrarán a las 17h (14h GMT). En total, 8,000 candidatos aspiran a los 378 escaños en juego. En el barrio de Karrada, en el centro de Bagdad, los electores eran registrados antes de entrar en un colegio transformado en centro de votación, constató un periodista de la AFP.

Abdul Sahib Ali, un estudiante de 22 años, está «entusiasmado con la idea de votar. Algunos cargos electos del parlamento provincial (de Bagdad) no han hecho un buen trabajo. Espero que los nuevos mejoren nuestra situación». «Las elecciones no pueden resolver todos los problemas de Irak, pero los problemas no se podrán resolver sin elecciones», dice Martin Kobler, jefe de la misión de Naciones Unidas en Irak (UNAMI), en una visita en el colegio electoral en el barrio de Salhiya, en el centro de Bagdad.

Estas elecciones son fundamentales en el sistema federal iraquí. Las asambleas provinciales se encargan de designar al gobernador responsable de dirigir la administración provincial, las finanzas y los esfuerzos de reconstrucción. Sin embargo, durante la campaña, los candidatos han dejado de lado temas de interés para los electores como la lucha contra la corrupción y las deficiencias de los servicios públicos. Y es que en Irak pesan más en la elección la religión, la comunidad o el clan que los programas electorales de los candidatos.

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