@Fabian_Med
MONARQUÍA
Todos le damos dinero a Daniel Ortega. Ya no es solo la mano del Estado entrando a nuestros bolsillos a través de los impuestos. Ahora, una parte de nuestros ingresos mensuales va también directamente a la bolsa de la familia Ortega-Murillo, quienes diseñaron un sistema perverso que —sin invertir nada más que su ingenio y codicia— nos obliga a usted, a mí, a nuestros hijos y tal vez a nuestros nietos, a tributar para esta familia que pretende erigirse como una suerte de monarquía en Nicaragua.
MONOPOLIOS
Se ha preguntado ¿por qué Nicaragua tiene unos de los combustibles más caros de América? ¿Por qué la energía eléctrica sigue subiendo mientras el petróleo baja? La respuesta es sencilla. Cada litro de combustible que usted le echa a su carro y cada recibo de energía de su casa que paga, lleva un porcentaje de dinero que va a las arcas de la Familia, y cada vez quieren que ese porcentaje sea más grande. Se trata de instituciones privadas, extorsionadoras, que eufemísticamente llaman “empresas”, armadas con los recursos del Estado y la cooperación extranjera, mediante las cuales se han convertido en dueños absolutos del negocio de dos de los productos vitales de una sociedad: combustibles y energía eléctrica. Ellos han acaparado la producción y distribución, y ponen el precio que se les antoje amparados en el respaldo del Estado que manejan como suyo.
¿OFICIO? NINGUNO
En noviembre de 1998, en una entrevista, le pregunté a Daniel Ortega de qué vivía, porque no se le conocía oficio ni empresas. “Tengo gente que me ayuda”, me confesó y a continuación dio el nombre de su benefactor: “El coronel Gaddafi ha sido un soporte muy importante todos estos años”, dijo. De ese tiempo acá, seguimos sin conocerle oficio alguno, a menos que ser “presidente” sea un oficio. Lo que me quedó claro con esa entrevista y con el tiempo es que Ortega necesita un cuerpo en el que parasitar. Esa vez era Gaddafi, luego fue Chávez, y ante la desaparición de los dos ¡y esto es lo que realmente asusta!, se apresta a parasitar sobre nuestros huesos.
TRUCO
Con la complicidad del INE han inventado un truquito para sacarnos la plata que ni siquiera hemos ganado. De futuro. Hay que subirle a la energía para que el negocio dé más plata. ¿Cuánto le subimos?, se preguntarán. Un 8 % aguanta la gente. Bueno, decí que el alza debía ser del 20 % pero yo te presté tantos millones para que quede en 8 % y luego me pagan a mí esa plata que inventamos. De esta forma han logrado cargarnos una deuda de 214 millones de dólares, sin que alguna vez hayan demostrado técnicamente la necesidad de esas alzas, mucho menos la utilidad de esos préstamos fantasmas.
VENEZUELA
Lo que se está jugando en estos momentos en Venezuela tiene que ver con todo esto y mucho más. Es más que la presidencia de un país. Son dos sistemas antagónicos enfrentados. Ninguno de los dos es perfecto. Ninguno de los dos es malo totalmente. Pero al menos uno de ellos se sostiene por un proceso llamado “elecciones” donde los ciudadanos deciden si van a castigar o premiar al que hizo mal o bien las cosas. Mientras que el otro sistema tiene en las elecciones un estorbo, un formalismo que por ahora se ve obligado a simular, despojándolo de su único sentido: elegir. Ni el gobierno chavista ni el gobierno orteguista han calculado alguna vez jugarse el poder en unas elecciones. Votar, pueden concederlo; elegir, no. Y si por un error de cálculo o control la mayoría decidiera por un sistema distinto —tal como parece haber ocurrido ahora con Capriles— primero arderá Venezuela o Nicaragua, antes que entregar “la revolución”, que ellos consideran está por sobre todas esas consideraciones que llaman la democracia.
OPOSICIÓN
Así que atentos a lo que pase en Venezuela. Ojalá la sangre no llegue al río. Los opositores venezolanos están demostrando que es más con inteligencia, compromiso y determinación que se puede poner a un régimen como estos contra la pared. Nunca podrán cambiar las cosas con “opositores” como los de Nicaragua, que lo más osado que hacen es retorcerles los ojos al dictador, mientras mendigan pedazos del poder como la única forma que conocen para seguir vivos.
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