El autoritarismo gubernamental en América Latina es como una hidra que tiene muchas cabezas.
La hidra, hay que recordarlo, es un monstruo fabuloso que tenía siete cabezas y causaba gran terror entre la gente, hasta que el mítico Hércules se las cortó todas de un solo tajo. Ahora, en la literatura se alude a la hidra cuando se habla de un peligro o de una situación abominable que renace una y otra vez, como las cabezas del monstruo mitológico.
La hidra del autoritarismo gubernamental en América Latina, tiene diferentes expresiones que van desde el totalitarismo comunista de Cuba hasta el populismo kirchnerista en Argentina, pasando por el singular neosomocismo orteguista que se ha establecido en Nicaragua. Ya son seis las cabezas de esta hidra, contando además de los tres países antes mencionados a Venezuela, Ecuador y Bolivia. De manera que solo le falta una cabeza para tener las siete del famoso monstruo mitológico. Sin embargo, también es bueno apreciar que en otros países latinoamericanos hay gobiernos de izquierda que son democráticos, los cuales de manera exitosa impulsan programas sociales sin socavar las instituciones democráticas ni sacrificar la libertad.
Las variantes del autoritarismo gubernamental son diversas, pero su contenido es el mismo en todas partes, a saber: subordinación de los poderes judicial, legislativo y electoral al ejecutivo; restricciones a la libertad de expresión y de prensa; uso de las entidades recaudatorias como instrumentos de represión; reducción o supresión de la autonomía municipal; limitación de la movilización política opositora y del pluripartidismo en las instituciones representativas; espionaje de la población; manipulación de las estadísticas para ofrecer una imagen del país distinta de la realidad; acoso a las organizaciones de la sociedad civil; corrupción desmedida y ausencia de controles institucionales y sociales, etc.
Lo único que diferencia a las dictaduras tradicionales del siglo pasado, como la somocista o la pinochetista, de los actuales regímenes autoritarios latinoamericanos, es que aquellas tomaban el poder mediante golpes militares y después se “institucionalizaban” a través de farsas electorales; mientras que ahora los Chávez-Maduro, Ortega y demás autócratas latinoamericanos han asumido el gobierno mediante elecciones libres para después seguir aferrados al poder por medio de fraudes y farsas electorales. Pero también a través de la inevitable represión, por supuesto.
Después que cayeron las dictaduras tradicionales del siglo pasado y fueron sustituidas por gobiernos aceptablemente democráticos, muchos creyeron que la democracia había llegado para siempre a la América Latina; y que el régimen castrista de Cuba permanecería aislado como un curioso anacronismo, hasta que terminara de pudrirse y por sí mismo se desplomara. Inclusive, en el 2001 la OEA aprobó una Carta Democrática Interamericana en la cual se estableció el compromiso colectivo de no permitir que se volviera a establecer ninguna otra dictadura. Pero esta Carta se convirtió en papel mojado, igual que las constituciones dizque republicanas de los países donde se han impuesto los gobiernos autoritarios, como es el flagrante caso de Nicaragua.
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