Pablo Antonio Cuadra (PAC, 1912-2002) es de los mayores referentes de la nicaraguanidad, destacado no solo por su obra literaria, sino por su compromiso civilista y sin torceduras por una Nicaragua auténticamente libre.
Su Poema del momento extranjero en la selva (Poemas nicaragüenses, Chile, Editorial Nacimiento, 1934), me impactó desde la primera vez.
Iniciando apenas sus veinte años, con desgarros y esperanzas, Cuadra clamaría: “Tengo que hacer algo con el lodo de la historia cavar en el pantano y desenterrar la luna de mis padres ”
Sin ser experto en el tema literario, sino como simple lector, estas palabras siempre me confrontan con el llamado definitivo de todo nicaragüense a hacer algo con el lodo de nuestra historia, machacada no por invasores magnificados por fantasías politiqueras, sino que revuelta con sangre y escupitajos productos de nuestra propia insensatez, hasta convertirla en un confuso y pegajoso lodazal.
Esta soñada tierra prometida ha sido transformada en pantano camuflado entre verde vegetación, que algunos han vuelto trampa para inmovilizar, tragar y sumergir sin piedad a sus hijos e hijas, arrastrando así sus mejores aspiraciones.
A pesar de todo, desde su juventud Cuadra llamaría a internarnos en el pantano, no para ser sus víctimas, sino para cavar decididos, desenterrar nuestra luna y liberarla de aquellos que creen haberla secuestrado para siempre.
¡Ah , la luna de nuestros padres! Esa misma que yace bajo el infernal pantano. La luna, que en la noche puede alumbrar el camino y espantar las fieras, y que simboliza el deseo por una Nicaragua radiante, optimista, llena de vida y esperanza. Debemos hurgar hasta encontrarla, limpiarla con esmero y colocarla en el lugar que le corresponde.
Cuadra también diría que Nicaragua es la patria por hacer. Supongo porque ha sido deshecha o porque alguna vez habrá finalmente que construir.
Han pasado 79 años y el grito del poeta continúa siendo el de muchos. Es el mismo grito de otros antes que él, y antes que ellos, y antes
Lamentablemente los grupos de poder —los que sean, políticos y económicos— quieren una Nicaragua a su servicio y para lucrarse, y con su maraña de mentiras se esfuerzan por desviar la ruta que conduce a nuestra preciosa luna.
Por eso ni la nueva dictadura ni la llamada oposición tienen mucho que ofrecer. ¿O acaso pueden liderar el camino para que la Nicaragua soñada sea realidad? ¿Tendrán idea de qué trata este asunto? Nadie se esfuerza por lo que no sabe o no quiere.
Por eso, alejados de las marionetas y los efímeros oportunistas, debemos esbozar la nueva Nicaragua. Ponernos de acuerdo con sentido común y transparencia, porque si somos capaces de pensar en blanco y negro, podremos soñar a colores.
Creo en los sueños de la juventud, y en los de los mayores porque antes fueron jóvenes, también con esperanzas traicionadas.
No todo es desesperanza ni apatía. Mujeres y hombres nicaragüenses saben de un hermoso sueño que se esconde en sus pupilas, y que al caer el silencio de cada noche, tras la diaria batalla por la sobrevivencia, sus pensamientos se alzan hacia donde los politiqueros de turno y todo signo, no llegan.
El deseo por la Nicaragua soñada nadie nos lo puede arrebatar.
Sugiero escuchar de viva voz a Pablo Antonio Cuadra, que lee y comenta su Poema del momento extranjero en la selva, como parte de Azul, un documental de Roland Legiardi-Laura (EE. UU., 1988). Puede verse en http://www.dariana.com/PAC_video.htm El autor es periodista.
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