Temporada didáctica

Desde que inició la undécima temporada clásica, la contabilidad se hizo alegre y promisoria: contó a mil doscientos estudiantes que, llegados de los colegios de Managua, asistieron a los conciertos didácticos en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío.

Desde que inició la undécima temporada clásica, la contabilidad se hizo alegre y promisoria: contó a mil doscientos estudiantes que, llegados de los colegios de Managua, asistieron a los conciertos didácticos en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío.

El arte noble y sonoro puede enseñarse por la práctica o por la teoría, porque su literatura especial abarca a las riquezas extremas. En ese sentido, yendo al sitio donde se ejecuta, se cultiva el interés que ha estado en el desamor, pero que con estos eventos es halagadoramente incentivado. Todos esos rostros estuvieron saturados de la esperanza de ser músicos, aspiraron a serlo cuando comprobaron la puesta en escena en un país donde no se tiene disciplina de la cátedra obligatoria de la música, que fue en el pasado hábito encantador y formativo.

Satisface que los ciclos clásicos, como lo son de la ópera en otras culturas, se hayan convertido en una tradición con arraigo en la juventud. Un giro de ojos hacia el pasado nos ofrece la visión de una asistencia desolada en cuanto a ella. La campaña clásica que ahora concentra a los uniformes bisoños se hizo fructíferamente didáctica porque todo lo que enseña produce frutos. Tiene iniciativas como las de incluir a las generaciones entre alumnos y maestros, no separándolos sino que distinguiéndolos en sus diferentes épocas.

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