El sistema electoral de Venezuela es como un raro tobogán que sirve solo para subir, no para bajar. Queremos decir con esto que en ese país las elecciones solo han servido para que Hugo Chávez subiera al poder y para que su sucesor lo mantenga, pero no para que se pueda cambiar de gobierno como es normal y necesario en un sistema verdaderamente democrático.
Henrique Capriles, el candidato de la oposición que ha intentado dos veces ganar la presidencia de Venezuela por medio de las elecciones, debe estar muy claro de que por la vía electoral no es posible sacar al chavismo del poder y democratizar el país. Sin embargo la oposición ha participado y seguro seguirá participando en las elecciones, porque en la lucha por la democracia todos los espacios tienen que ser aprovechados, pues las campañas políticas son indispensables y sumamente útiles para cultivar la conciencia democrática de la gente y prepararla para cuando llegue el momento de tomar el poder.
Además, el hecho de que por ahora el pervertido y parcializado mecanismo electoral chavista no sirva para cambiar el Gobierno, no significa que esta situación no se va a modificar. La verdad es que bajo el gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro la única perspectiva de Venezuela es la de seguir hundiéndose en la crisis generada por la misma revolución bolivariana o socialismo del siglo XXI. El chavismo es inviable a largo plazo, como sistema de gobierno, no solo por la incapacidad gubernamental y la desmesurada corrupción de los “enchufados” —como llama Henrique Capriles a los integrantes de la camarilla dirigente venezolana—, sino porque el socialismo autoritario y estatista no puede resolver una crisis que él mismo ha creado. El germen del mal y de su destrucción está en el mismo sistema chavista.
En las elecciones del domingo pasado, más de un millón de personas que antes votaron por el chavismo lo hicieron esta vez por Capriles, por la democracia y la libertad. Y en la medida en que la crisis se siga profundizando y sus consecuencias se hagan más insoportables para más venezolanos, el chavismo tendrá que ir perdiendo fuerza social de manera irremediable. De modo que la caída de la dictadura podría ser más pronto de lo que se puede creer.
Hay que recordar que la Constitución de Venezuela establece, en su Artículo 72, el referendo revocatorio de todos los cargos públicos de elección popular, incluso el de presidente de la República. Según esa disposición, cuando haya transcurrido la mitad del período para el cual fue elegido fraudulentamente Nicolás Maduro, una cantidad no menor del veinte por ciento de los ciudadanos a nivel nacional puede solicitar la convocatoria a un referendo revocatorio de su mandato, el cual quedaría anulado si un número igual o mayor que el de los votantes que lo eligieron de acuerdo con los datos del Consejo Nacional Electoral, votara a favor de la revocación.
O sea que dentro de tres años, en abril de 2016, se podría convocar a un referendo para revocar el mandato ilegítimo de Nicolás Maduro. Y a lo mejor ese podría ser el tobogán de bajada para sacarlo del poder y que la crisis venezolana se comience a resolver de manera institucional, pacífica y republicana democrática.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A