Quizá si Carlos Quentin se hubiera marchado hacia primera base en lugar de hacia el box, el bolazo que le asestó Zack Greinke habría pasado inadvertido en el partido del jueves entre Padres y Dodgers.
Incluso, aun con Quentin yendo hacia el montículo y liándose a golpes con Greinke, habría sido mencionado en los resúmenes del juego, pero nadie estaría asombrado. Eso pasa con frecuencia.
El problema es cómo terminó todo. Hay una fractura en la clavícula del lanzador por el que los Dodgers comprometieron 147 millones dólares en los próximos seis años y el debate está abierto.
¿Hay culpable? Sin bolazo, no hay reacción. A Quentin le metieron la bola en el partido del martes y no pudo jugar el miércoles. Así que estaba susceptible. El golpe terminó de atizar el fuego.
No estoy culpando a Zack. ¿Quién mete un bolazo con bases limpias, dos outs en la pizarra, ganando 2-1 al inicio del sexto, y con cuenta de 3-2? Golpear en esa situación no parece inteligente.
NO ES MUY COMÚN
Es más, en la historia de las Mayores, se han propinado más de 60,000 golpes, pero solo 42 han sido en las mismas circunstancias en las que Quentin impactó a Greinke en San Diego.
¿Había problemas personales? Quizá. Greinke ha propinado 46 golpes en su carrera. Da uno cada 36.4 bateadores. A Quentin le ha metido tres en 31 turnos, es decir, uno cada 10.3 veces.
No obstante, no se puede dejar de atender lo siguiente: Quentin ha sido líder en golpes recibidos en 2011 (23) y en 2012 (17) y lo curioso es que, en 2011, actuó solo en 118 juegos. En 2012, en 86.
Quentin es el octavo jugador activo con más golpes recibidos. No en vano lo llaman el Don Baylor de esta época. Tiene esa habilidad, algo en lo que José Ramón Vega se destacaba aquí.
Sin embargo, lo grave de todo este asunto es el final. La fractura de Greinke es un golpe de consecuencias no previsibles para los Dodgers, que lo van a perder por los próximos dos meses.
Sobre Quentin pende una suspensión que podría ser de consideración. La prensa está encima y se le ha vuelto el villano del asunto. Pero los golpes van a continuar. Eso no se puede impedir.
Lo ideal es que Quentin se habría ido para la inicial, no para el montículo, pero las cosas habrían sido mejores si Greinke no propina un bolazo. Ahí estuvo el origen de todo el problema.
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