A juzgar por la vestimenta de Nicolás Maduro y sus presentaciones escénicas durante la campaña electoral que se ha realizado en estos días en Venezuela, lo que habrá en ese país el próximo domingo 14 de abril no será una elección presidencial, sino un concurso de circo.
Sin embargo, por los discursos que el mismo Maduro ha pronunciado durante esta breve campaña, agresivos y amenazantes contra la oposición y contra todos los venezolanos que no se sometan a la dictadura chavista, lo que habrá este domingo en Venezuela no será una simple y divertida payasada, sino un drama sombrío, más bien una tragedia política funesta, en el caso de que el singular candidato “hijo de Chávez” que habla con los pajaritos chiquiticos, se imponga en los comicios presidenciales.
Ayer se conoció el resultado de la última encuesta realizada (el domingo pasado) por la firma encuestadora Datin Corp, según la cual de hecho hay un empate técnico entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles. Dicha encuesta revela una intención de voto de 44 por ciento a favor de Maduro y 43 por ciento por Capriles, con la tendencia del candidato chavista a seguir bajando y la del candidato demócrata a continuar subiendo. Lo que hace interesante esta encuesta, es que Datin Corp es la única firma que acertó exactamente en la elección presidencial de octubre pasado en Venezuela, al anticipar una diferencia de nueve por ciento de Chávez sobre Capriles.
Esto significa que existe la posibilidad de que el candidato de la oposición gane en los comicios del próximo domingo, como ha asegurado el mismo Capriles que triunfará, siempre y cuando la elección sea limpia y a pesar del abrumador ventajismo de Nicolás Maduro, quien, como candidato oficialista ha utilizado a su favor todos los recursos y poderes del Estado.
Pero hay que ser realistas. La verdad es que no existen garantías de que esta elección venezolana será verdaderamente limpia, ante todo porque —como señaló el líder juvenil democrático Yon Goicoechea en un artículo publicado hace unos días en el diario El Universal, de Caracas—, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela es un órgano del Estado al servicio de la revolución chavista, comprometido con su continuación, según lo han asegurado cuatro de sus cinco integrantes.
Por eso el CNE no permitió que se auditara el Registro Electoral, a pesar de las sostenidas denuncias opositoras de que una enorme cantidad de falsos votantes fue inscrita de manera fraudulenta. Miles de nuevas mesas electorales fueron creadas por el CNE en lugares casi despoblados, y en instituciones de gobierno y militares donde la oposición no puede ejercer ningún control. Los materiales de votación son “resguardados” por milicianos chavistas. Decenas de miles de extranjeros, sobre todo cubanos castristas que ocupan el país, han sido habilitados para votar y sin duda que lo harán por Maduro. Y además el CNE no ha permitido la observación electoral independiente, solo la de los aliados y cómplices del régimen chavista.
En esas circunstancias es fácil adivinar lo que dijo el “pajarito chiquitico” que ronda la cabeza de Nicolás Maduro, sobre el resultado de la elección de este domingo en Venezuela. Lo que le habrá dicho, seguramente, es que el fraude electoral está preparado y que se consumará inexorablemente si la votación real resulta favorable al demócrata Capriles. Quisiéramos estar equivocados, pero no hay razones objetivas para esperar lo contrario.
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