¡La Diva!

Con el estreno de El último cuplé en 1957, Sara Montiel (fallecida el 8 de abril de este año a los 85 años de edad), se convirtió en la estrella de cine española de mayor proyección internacional hasta ese momento.

 

Franklin Caldera

[doap_box title=»Sin padrinos» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Allí, a la meca del cine, llegó sin saber inglés y sin padrinos, y también allí encontró a su primer marido, el maestro del western Anthony Mann, pero no fue el único que se quedó deslumbrado por su belleza racial y su intensa mirada: con Gary Cooper y Burt Lancaster flirteó en “Veracruz”, donde también conoció a Marlon Brando. “Él —Brando— me enseñó el desayuno tejano y le hablé de los huevos a la manchega que hacía yo y, sin más, se presentó a las siete de la mañana en casa para probarlos”, recordaba.

[/doap_box][doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

“Fue bellísima, una de las primeras grandes que logró triunfar en Hollywood, una gran estrella, un mito que, como yo, hizo lo que quiso y habló de lo que le dio la gana”. María Conchita Alonso.

[/doap_box][doap_box title=»El amante secreto » box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Mito sensual, de personalidad arrebatadora, Sara Montiel no se cansó de decir que su fama provenía únicamente de su trabajo, aunque también reconocía que fue su cautivadora belleza la que le ayudó a conquistar Hollywood, y a hombres tan dispares, se jactaba, como Severo Ochoa, Anthony Mann o un tal Tony Hernández.

“Me juré no tener ningún amo, ser pájaro libre y lo he cumplido”, solía decir “Saritísima”, una mujer sin pelos en la lengua reconvertida en los últimos años a diva “kitsch” por su personalidad excesiva, pero que siempre trató de desmarcarse del estereotipo de folclórica hablando sin tapujos de sus amoríos y su vida sexual.

Los dos grandes hombres de su vida fueron, según su relato, el empresario mallorquín José Tous Barberán (Pepe Tous) (1931-1992) —con quien adoptó a sus únicos hijos, Thais (1979) y Zeus (1983)— y el Nobel Severo Ochoa, al que conoció en Nueva York. Con este último, sostenía ella, mantuvo durante cinco años una relación secreta “para no herir a terceras personas” —el Nobel estaba casado—, pero lo dejó aconsejada por su madre.

[/doap_box][doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

“Siento mucho la muerte de Sara Montiel, leyenda del cine y la canción que tuvimos la dicha de conocer. Paz para sus seres queridos y fans”. Gloria Estefan.

[/doap_box]

Con el estreno de El último cuplé en 1957, Sara Montiel (fallecida el 8 de abril de este año a los 85 años de edad), se convirtió en la estrella de cine española de mayor proyección internacional hasta ese momento.

Oriunda de la región de Castilla-La Mancha, fue descubierta para el cine por su excepcional belleza, que ella siempre consideró un hándicap, por ser lo primero que se destacaba al hablar de su trabajo en el cine.

EN EL FRANQUISMO

Protagonizó varias películas de época, usuales durante el franquismo, como Don Quijote de la Mancha (1947) de Rafael Gil (con Rafael Rivelles) y Locura de amor (1949) de Juan de Orduña (con Autora Bautista).

Llegó a México en plena época de oro e intervino en muchas producciones mexicanas en plan estelar, tres con Pedro Infante y algunas rodadas en Cuba, como P iel canela y Frente al pecado de ayer .

Su entrada en Hollywood fue por México, donde se filmaron, con la Montiel en papeles secundarios, Veracruz (1955) de Robert Aldrich (con Gary Cooper) y Serenata (1956) de Anthony Mann (con Mario Lanza). En este filme demostró ser realmente la española más bella del mundo, como la llamaba la prensa, con una belleza desde la cabeza a los pies.

EL ÚLTIMO CUPLÉ

Por amistad con Orduña aceptó el rol protagónico del filme español El último cuplé . El director le asignó la interpretación de las canciones debido a que las exigencias remunerativas de la cantante que la iba a doblar sobrepasaban el presupuesto.

La película, melodrama de altos vuelos, resultó un éxito internacional sin precedentes para el cine español, no solo en Iberoamérica, sino también en lugares tan lejanos como Bombay, Egipto y la misma Unión Soviética, donde la Montiel fue recibida con honores.

Superior fue su siguiente filme, La violetera (1958), del italo-argentino Luis César Amadori, en la que cantó el cuplé que da título al filme, compuesto por el maestro José Padilla; y la canción Mi hombre de Maurice Yvain, popularizada anteriormente por la Mistinguett, Fanny Brice, Edith Piaf y Billie Holiday.

SUS DISCOS

El final de La violetera es inolvidable. Con la voz perdida, Soledad Moreno (Sara) finge cantar con un fonógrafo oculto en un teatrito. Cuando entra sorpresivamente el hombre que ama (Raf Vallone), al que no ha visto en muchos años, se paraliza. El público, al descubrir el engaño, la abuchea, pero irrumpe en aplausos al advertir el drama en vivo del reencuentro de los dos enamorados que se abrazan y besan.

La voz de la Montiel tenía un tono muy bajo para los cuplés. Un ejemplo de la forma tradicional de cantar La violetera , es la voz de tiple de la cubana Rosita Fornés en Del can-can al mambo (1951) de Chano Urueta (con Joaquín Pardavé).

Pero los discos de Sara Montiel se vendieron por millones, sobre todos los de El último cuplé , con el pasodoble El relicario y Nena (este es el último cuplé que canta la protagonista antes de desplomarse en el escenario), ambos de Padilla; y el tango Fumando espero de Joaquín Zamacois (letra de Pedro Puche).

La fama de la Montiel (y otras figuras como Joselito, Marisol, Rocío Dúrcal, Pili y Mili, etc.) dio proyección internacional al pop-cinema español, es decir, cine hecho en función del gran público, lo que aseguró una sólida base industrial para el desarrollo del cine de autor español (Saura, Pilar Miró, Almodóvar, etc.).

En los sesenta, las películas de Sara Montiel se convirtieron en fórmulas gastadas, con galanes cada vez más insípidos. Varietés (1971), que dirigió Bardem, fue la peor película de ese afamado director.

CANTANTE Y VEDETTE

Se retiró del cine en 1973 (excepto por pequeñas y muy esporádicas apariciones como ella misma), pero continuó con éxito su carrera de cantante y vedette en la televisión y los escenarios de todo el mundo hasta poco antes de su muerte (tuve el placer de verla en persona en el Teatro Rubén Darío).

Mujer sumamente inteligente y muy conocedora de las técnicas de cine (Gabriel Figueroa le enseñó los secretos de la iluminación) nunca fue realmente actriz y le gustaba dárselas de mujer de izquierda, lo que siempre causa buena impresión, aunque se viva en medio de la opulencia.

En México visitaba en la cárcel a Ramón Mercader, el hombre que mató a Trotski. En un documental sobre ese personaje, con un sentido de la ironía dijo: “Yo sabía que había matado a Trotski, pero no sabía que era un asesino”.

Ver en la versión impresa las páginas: 6 B

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. Damas de las Camelias
    Hace 13 años

    Me gustan los articulos de este Sr. Caldera. Los comenze a leer en mi adolencia salia en La Prensa Literaria. Gracias a club llamado Cine Forum que dirigia un sacerdote del Calazanc ibamos todos los alumnos de colegios religiosos a aprender cine en el cine Jardin los sabados. Entre peliculas de Fellini, Costa Gravas, Visconti y los articulos de Franklin Caldera me hice fanatica del buen cine. Ahora disfruto de festivales de cine por las partes de mundo que ando.. desde Boston la cineafila

  2. Gabby
    Hace 13 años

    «Sumamente inteligente, » dice el lector. Bella, sin duda. Pero como actriz no era ninguna Penélope Cruz. Sara Montiel fue la Jessica Simpson de su época. Y, con todos los trucos típicos de las películas españolas (doblaje, medio y doble doblaje, etc.), era difícil saber si en verdad tenía talento como cantante. Además, su vida personal fue bastante desastrosa, como lo dio a ver su relación con su novio cubano Antonio Hernández, lo suficientemente joven para ser su abuela!

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí