Fabián Medina
Patente de corso
Cuando un gobierno empieza a usar la frase “por el bien público” como única justificación para todo lo que quiere hacer, ya estamos tocando el fondo de la olla. Preparémonos. Por el “bien público”, se quemó en la hoguera a los que pensaban distinto durante la inquisición. Por el “bien público”, Hitler ordenó la matanza de judíos y “por el bien público”, Telcor dice ahora que el Gobierno debe decidir quién es “idóneo” para ocupar los cargos de gerente y jefe de informática y seguridad de las compañías (privadas) de telecomunicaciones. ¿Quién define qué es “bien público”? ¿Quién define que es “idóneo”? Ni el acuerdo ministerial ni las enredadas declaraciones de don Orlando Castillo, director de Telcor, han expuesto el verdadero propósito de este acuerdo que, con toda seguridad, explora en telecomunicaciones lo que se podría hacer en otras empresas cobijados por esa patente de corso que esgrimen con tanta inocencia. El “bien público”, pues.
Espada de Damocles
Veamos un posible uso. Imagínese que un día le cae al gerente de informática de la compañía tal un “operador político”, como se le llama ahora a los chantajistas. Le pide que colabore enviándole los mensajes de texto de fulanito de tal, porque quieren saber en qué pasos anda y qué información se puede usar en su contra para cualquier jugada política o económica de su jefe. Supongamos que el susodicho se niega. ¿Cuánto tiempo le llevaría pasar a estado “no idóneo”? ¿Qué gerente se negaría a colaborar con información sucia si sabe que encima de ellos está una espada de Damocles? Y estamos hablando en este caso del acceso a todos sus mensajes de chat por cualquier medio. ¿O acaso sería esta la primera vez que veríamos a instituciones del Estado tomar represalias contra personas que no tuvieron el comportamiento que el partido del poder esperaba de ellos?
Zoilamérica
Hay que leer entre líneas la noticia de que el Gobierno haya usado toda su presión para excluir a la organización no gubernamental que dirige Zoilamérica Ortega Murillo de un proyecto de la diversidad sexual. No nos equivoquemos. El asunto principal ahí no es la indisposición del Gobierno a estos temas ni siquiera la alergia a las ONG que no están bajo su ala. El asunto aquí es que vemos a alguien capaz de hacer lo que sea: involucrar al país, las instituciones, pagar los costos que sean en función de sus problemas personales. La noticia aquí es que hay un tema peliagudo que no parece estar resuelto como se ha dicho y que, probablemente, estallará pronto con todas las consecuencias que eso tiene: la acusación de violación que ha hecho Zoilamérica contra Daniel Ortega.
Desgracia
Otra noticia que hay que leer entre líneas. ¿Cómo se explican ustedes que los magistrados Alba Luz Ramos y Francisco Rosales, ambos sostenidos por Daniel Ortega en esos cargos, estén ahora enfrentados en torno a la Ley 779? ¿Acaso ahora se permite el disenso en las filas orteguistas? ¿Ya se puede tener posiciones propias más allá de El Carmen? Sería iluso pensar eso. Todo lo que sucede se aprueba ahí, en ese complejo de casas donde vive y trabaja la Familia. Y la regla es que si dos orteguistas tienen posiciones públicas diferentes, uno de ellos cayó en desgracia. Y eso lo podremos ver pronto. Cuando tengan que elegir a nuevo presidente en la Corte o cuando se elijan a los magistrados, según manda la ley. A los magistrados de verdad. El que se vaya a su casa es quien cayó en desgracia. ¿Quién y por qué dicen ustedes? ¿Alba Luz Ramos o Francisco “Chicón” Rosales? ¿El Carmen está ahora a favor o en contra de la Ley 779? Ya veremos.
Poder del mal
“¿Qué tiene de malo que nosotros veamos los expedientes de los gerentes y veamos si hay gente idónea en los cargos?”, se pregunta con candidez don Orlando Castillo. El problema, don Orlando, es que estamos ante un Estado manejado a su gusto por una Familia que —en función de sus particulares intereses familiares, políticos o económicos— no se detiene ante nada ni ante nadie. Que no hay escrúpulos y que un día pueden estar usando la Cancillería para presionar a un país cooperante; al otro, pueden estar despidiendo al que perdió el paso de la música que tocan. Pero, sobre todo, que tiene a mil “operadores políticos” trabajando para su partido y usando al Estado como respaldo para premiar y castigar comportamientos. Eso tiene de malo. Es más poder para hacer el mal.
Tuiter: @Fabian_Med
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