Nueva York/EFE
El Fondo Monetario Internacional (FMI) considera que la economía mundial es hoy “menos peligrosa que hace seis meses”, pero advierte de que empiezan a verse signos de “fatiga” en muchos países ante los ajustes e insiste en que hay que completar la reforma del sistema financiero y dar prioridad al desempleo.
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A falta de una semana para su Reunión de Primavera en Washington, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, viajó ayer a Nueva York para hacer un balance sobre la evolución de la economía mundial y volver a poner encima de la mesa algunas de sus recetas para intentar dejar atrás la crisis.
Lagarde arrancó diciendo que ve signos de mejora en una economía global “a tres velocidades”, por un lado países emergentes y en vías de desarrollo, “que lo están haciendo bien”; por otro Estados Unidos y otras naciones que están “en vías de recuperación”, y por último la zona euro y Japón, que “todavía tienen un camino que recorrer”.
EUROZONA EN APRIETOS
En cuanto a la zona euro, la responsable del FMI consideró “prioritario” que tengan una unión bancaria “real” que fortalezca los fundamentos de la unión monetaria, lo que implica complementar un mecanismo único de supervisión con una única autoridad de resolución, además de seguir con la “limpieza” del sistema bancario.
En este sentido, subrayó que uno de los retos “globales” pendientes es completar la reforma del sistema financiero mundial porque, según dijo, “no podemos tener un sistema bancario precrisis en un mundo poscrisis”, pese a que la industria sea “reacia” a abandonar líneas de negocio “lucrativas pero muy arriesgadas”.
La exministra francesa alertó de un aumento de las tensiones sociales en muchos países ante el impacto de unas medidas de ajustes que, según dijo, causan “fatiga” y la población percibe como “injustas”.
“No es por el ajuste en sí, la gente entiende que no pueden vivir por encima de sus posibilidades de forma indefinida, es porque se perciben injusticias en el peso del ajuste”, dijo Lagarde, quien consideró que al igual que hay que compartir el “dolor” de los ajustes también hay que compartir los beneficios del crecimiento.
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