La Dama de Hierro

Con la muerte de Margaret Thatcher cae el tercero de los cuatro titanes que jugaron papeles trascendentales en las últimas décadas del siglo pasado. Dos de los tres otros robles —Ronald Reagan y Juan Pablo II— ya fallecieron. Ahora solo queda Mijaíl Gorbachov, de Rusia.

Thatcher fue una revolucionaria. Aunque de origen humilde —su padre era un pequeño comerciante y ella creció en una casa sin agua caliente y sin servicio sanitario interior— se superó. Estudió en la Universidad de Oxford, una de las más prestigiosas del mundo. Luego se incorporó al Partido Conservador, bastión de las clases privilegiadas británicas. Con el tiempo, llegó a liderar ese partido y en mayo de 1979 fue electa primera ministra de su país. Fue la primera y, hasta ahora, la única mujer en ocupar ese cargo en el Reino Unido y la primera mujer en llegar a la cima del poder político en Europa Occidental. Además, fungió como primera ministra británica por once años y medio, más que cualquier otra persona durante el siglo XX.

¿A qué atribuir sus éxitos políticos? En primer lugar, fue dotada con una inteligencia superior. Pero esta estuvo combinada con una fuerza de carácter y tenacidad y con una fiera fidelidad a ciertos principios básicos. Creía en el trabajo —no el asistencialismo estatal— como la manera de salir adelante individual y colectivamente. Creía en la responsabilidad personal. Creía en la democracia y la libertad. Y creía que el sector privado y la economía de mercado —no el Estado— eran los instrumentos más eficientes para producir y asignar eficientemente a bienes y servicios y para generar prosperidad para toda la sociedad. En otras palabras, era una liberal.

A pesar de ser de cuna humilde, surgió en las filas del Partido Conservador, cuyo liderazgo había paulatinamente aceptado muchos de los elementos del credo socialista que se pusieron de moda en Europa en el siglo pasado. Llegó a Downing Street en momentos duros para Gran Bretaña. Su economía estaba atascada debido al socialismo que había penetrado al pensamiento de los dos grandes partidos británicos y al papel dominante que jugaba el Gobierno y los grandes sindicatos en la vida económica del país. Enfrentaba una lucha interna cruenta en el Norte de Irlanda que se hacía sentir en todo el Reino Unido por actos terroristas propiciados por el Ejército Republicano Irlandés. Y, a nivel mundial, Gran Bretaña había dejado de ser una súper potencia. Por su debilitamiento económico y militar, se tildaba de ser “el enfermo de Europa”.

No es una exageración decir que Gran Bretaña pasaba por una depresión, un período de autocuestionamiento, colectivo. Necesitaba de un liderazgo fuerte, de un cambio de dirección y de una inyección de confianza. Y Margaret Thatcher pudo dárselo.

Audazmente se enfrentó a los sindicatos que socavaban la competitividad de la economía; privatizó a varias industrias que gobiernos laboristas habían nacionalizado y convertido en focos de ineficiencia; redujo la asfixiante regulación de la economía; y en el campo mundial se dedicó a combatir el imperialismo soviético y a su ideología marxista leninista. En su primera reunión con el entonces líder soviético, Mijaíl Gorbachov, le dijo con su característica franqueza que ella detestaba al comunismo. Paradójicamente, Thatcher y Gorbachov establecieron una estrecha relación personal y la primera ministra sirvió de puente entre el líder soviético y su otro gran amigo en el escenario mundial, Ronald Reagan. En este sentido, avaló a la confiabilidad de Gorbachov asegurando a Reagan, con quien compartía muchas de las mismas creencias, que “Gorbachov era una hombre con que se podía tratar”.

El resto es historia. El Reino Unido volvió a recuperar mucho del impulso, tanto económico y social, que había perdido. De haber sido uno de los eslabones más débiles de la Comunidad Europea, se convirtió en un socio ágil y beligerante de esa comunidad que luego se convirtió en la Unión Europea. Pero nunca aceptó al euro como su moneda, decisión que con el pasar del tiempo resultó ser sabia. Londres se volvió a convertir en un gran centro financiero. Y ella sirvió de comadrona —junto con los otros tres titanes que mencioné en el primer párrafo— para el desmantelamiento del imperio soviético y la liberación de sus satélites en Europa.

Las ideas y el estilo firme de Thatcher fueron controversiales, pero le ganaron la admiración de millones en su país y alrededor del mundo. En vista de los renacimientos económicos de Estados Unidos y Gran Bretaña en la década de los ochenta, ella contribuyó a mover hacia la derecha al fulcro de la economía política internacionalmente. La democracia representativa y la economía de mercado se convirtieron en los dos pilares del paradigma que ganó ascendencia en grandes partes del mundo. Quizás nada demuestra el alcance de la influencia de Thatcher y de su pensamiento como el hecho de que dos líderes mundiales —el Demócrata Bill Clinton y el Laborista Tony Blair— hicieron propios muchos elementos de la filosofía que Thatcher impulsaba.

Es irónico que su propia alma máter, Oxford —elitista hasta el final— negó otorgarle a la hija de un pequeño comerciante un doctorado “honoris causa”, distinción que otorgaron a todos sus exalumnos que habían sido electos primer ministro. Pero la Reina Isabel la nombró baronesa y la incorporó a la Casa de los Lores de Inglaterra. Y Thatcher llegó a ostentar —y con orgullo— otro título que definió perfectamente a esta singular estadista: la Dama de Hierro. El autor fue Canciller de Nicaragua


COMENTARIOS

  1. max gil
    Hace 13 años

    pequeno gobierno libre mercado y sector privado como mejor garantia para una economia son politicas economicas conservadoras muy diferentes a las politicas economicas que ha emprendido obama que es liberal y que no han podido componer la economia norteamericana. no se por que ud dice que la senora es liberal ella es claramente del partido conservador y los conservadores son pencones .tanto asi que en nicaragua produjeron el mejor periodo de su historia en el siglo 19.

  2. Genaro Matute
    Hace 13 años

    El Lic.Aguirre nos da una semblanza muy buena de Lady Thatcher, pero, al igual que el Sr. Gil, no estoy de acuerdo con que la tilde de liberal ya que ella fue esencialmente conservadora. Liberal izquierdista es Obama,quien, con sus políticas de asistencialismo estatal (paternalismo), excesivas regulaciones intervencionistas y la casi nacionalización de la economía, ha malgastado los recursos estatates, ha súper endeudado el país y reducido a escombros la economía de mercado.

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