Hace cinco o seis años estaba ocurriendo algo en el interior del país que a estas alturas tendría un impacto extraordinario en la reducción de la pobreza: Los productores de frijoles rojos, todos ellos pequeños, pobres y que producían escasamente para malvender en el mercado nacional y para subsistir empezaron a tener un mercado en el exterior que pagaba bien el frijol, lo que les dejaba cada vez mejores ganancias.
Se habían abierto las fronteras y se había comenzado a vender frijoles rojos a El Salvador, Honduras y al llamado “mercado nostálgico” de los Estados Unidos. La movida había sido tan exitosa que el frijol rojo se llegó a colocar entre los 10 productos de mayor exportación y la ganancia —aunque no toda, claro está— le estaba llegando a los sectores más pobres.
Pero hace tres años hubo una sequía y la producción bajó. Al haber menos frijoles este escaseó en los mercado nacionales y obviamente subió de precio. Llegó a 15 y hasta 18 córdobas la libra. Entonces alguien en el Gobierno tuvo una idea que para mí es una soberana estupidez: cerró las fronteras, prohibió la venta de frijoles al exterior y mató el mercado internacional para el frijol nica. Al día de hoy Nicaragua, pero en particular los productores más pobres, siguen pagando las consecuencias de esta acción.
Hoy los productores de frijol rojo, que están entre los más pobres de los pobres, pueden vender su producto a 400 córdobas el quintal cuando les cuesta 700 córdobas producirlo porque hay más de dos millones de quintales de frijol rojo almacenado y poniéndose viejo en las bodegas.
Que un Gobierno que se llame defensor de los pobres haya tomado una decisión, cuyos resultados son el desastre que ahora vemos, no podría ser más que una estupidez, pero que tres años después no se tomen medidas correctivas y de apoyo a los pequeños productores para que puedan recuperar los mercados que el mismo Gobierno les cerró no puede ser más que perversidad.
¿Por qué digo esto? Porque ahora el “consejo” que se le está dando a los productores es que siembren frijoles negros ya que Venezuela está presta a comprar todo lo que produzcamos y pagarlo bien. ¿Cuál es la perversidad? Que quien tiene el monopolio de las exportaciones a Venezuela es Alba Alimentos de Nicaragua (Albalinisa), subsidiaria de Albanisa, el holding de empresas que controla el “Inconstitucional” y que sin duda por exportar ese producto a Venezuela se queda con una ganancia.
Vender a Venezuela no es un pecado, no debería importar si los productores sacan frijol negro, rojo o blanco siempre y cuando tengan un buen mercado. Pero aprovecharse de estar en el Gobierno para monopolizar un mercado como el de Venezuela; aprovecharse de estar en el Gobierno para matar otros mercados, y aprovecharse de estar en el Gobierno para evitar a toda costa crear un tratado de libre comercio con Venezuela para que los productores puedan vender directamente sí es una perversidad.
Al final los productores tendrán que sembrar el frijol negro, se lo tendrán que vender a Albalinisa y les aseguro que si viene una sequía y se acaba el frijol rojo de consumo nacional Albalinisa no va a dejar de exportar el frijol negro. En ese caso sí que nos van a cerrar las fronteras.
Va a pasar igual que con el precio de los combustibles que antes del 2007 el orteguismo clamaba porque se regulara para que “las ganancias no se las llevaran las transnacionales” pero ahora que es el orteguismo, el que controla el mercado del combustible, no hay diputado sandinista que diga que hay que regular esos precios.
La verdad es que si el frijol rojo estaba presentando un futuro tan brillante se debieron haber adoptado medidas para que los agricultores fueran cada vez más productivos. Se les debió habilitar con semilla más resistente a la sequía, con plata para riego, con políticas para que el riego no sea tan caro. En fin, con mayores facilidades para encontrar más mercados, incluyendo el del frijol negro, pero no cerrarles los mercados y condenarlos a la pobreza o condenarlos a venderles exclusivamente a los “cristianos, socialistas y solidarios” que cada día demuestran que de eso nada tienen.
A lo que inició como una medida estúpida por lo visto se le está dando una “solución” perversa. Como ya no hay mercado para el frijol rojo, entonces que siembren negro. Eso sí, toda esa producción se le tendrán que vender a Albalinisa.
Con razón los orteguistas gritan a todo pulmón “vivan los pobres del mundo”.
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