Una amable lectora me pide que escriba algo más sobre Genoveva de Brabante, a quien me referí el viernes 22 de marzo recién pasado en el artículo titulado Dos ciervas legendarias. Y además, me pregunta si Genoveva de Brabante es una santa de la Iglesia católica.
En realidad, Genoveva de Brabante no existió, es un personaje de una leyenda medieval europea. En cambio la santa Genoveva sí es un personaje histórico, fue una religiosa francesa del siglo V de nuestra época que se enfrentó a las hordas de Atila y es la patrona de París. Genoveva fue sepultada en una colina donde ahora es el famoso Barrio Latino. Allí se construyó una capilla en su memoria, y cuando fue canonizada se erigió la iglesia de Santa Genoveva, la cual, en el siglo XVIII por mandato del rey Luis XV fue sustituida por una hermosa Basílica, pero fue saqueada durante la revolución francesa y los liberales jacobinos la transformaron en el Panteón de París. Allí están sepultados personajes ilustres como Voltaire, Víctor Hugo, Emile Zola, Pierre y Marie Curie y otros franceses eminentes.
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Aparte de eso, según la leyenda medieval Genoveva era hija del duque de Brabante, territorio situado entre Holanda y Bélgica. Genoveva fue casada con Sigfrido, conde de Tréveris (Alemania), quien muy pronto tuvo que ir a luchar en la guerra contra los árabes, que habían invadido Europa.
Sigfrido dejó a su joven esposa al cuidado de un mayordomo llamado Golo, quien aparentaba ser hombre honesto y fiel, pero en realidad era un ser perverso. Al comienzo Golo se portó correctamente con su ama, quien había quedado embarazada de Sigfrido, pero este no lo supo porque se marchó a la guerra de manera intempestiva. Pasado algún tiempo Golo comenzó a asediar indecorosamente a Genoveva, amenazándola con causarle daño si no se sometía a sus pretensiones sexuales. Angustiada por el acoso de Golo, Genoveva decidió escribir a su marido para ponerlo al tanto de la situación y pedirle auxilio. La carta se la llevaría a Sigfrido un fiel cocinero llamado Dracon, pero Golo se dio cuenta y lo asesinó en el camino.
Entonces fue el mismo Golo quien envió una carta a Sigfrido, en la cual le decía que su esposa estaba embarazada como fruto de un adulterio. Furioso, Sigfrido contestó a Golo ordenándole que procediera como se acostumbraba con las adúlteras, o sea que la ejecutara. Para entonces Genoveva ya había alumbrado y Golo la mandó a matar junto con su bebé, en lo profundo del bosque. Sin embargo el verdugo no tuvo corazón para cumplir la siniestra tarea y dejó a madre e hijo abandonados en la espesura. Allí, Genoveva se refugió en una cueva y sobrevivió con su criatura gracias a una maravillosa cierva recién parida, que todos los días llegaba a alimentarlos con su leche.
Cuando Sigfrido regresó de la guerra, la hija de Dracon le contó la verdad y le entregó una carta que le había dejado Genoveva. Sigfrido castigó al malvado Golo haciéndolo despedazar por cuatro caballos atados a sus extremidades, pero la venganza no evitó que se sintiera inmensamente desdichado.
Algún tiempo después, Sigfrido, estando de cacería en el bosque persiguió a una cierva hasta una cueva, donde encontró a Genoveva con su pequeño hijo a quien había puesto el nombre de Benoni. Después de pedirle perdón y jurarle su amor, Sigfrido llevó a Genoveva al castillo prometiéndole que iban a rehacer su vida arruinada por el pérfido Golo. Pero Genoveva había enfermado gravemente y falleció poco tiempo después, siendo sepultada por Sigfrido en la cueva del bosque donde en vida se había refugiado. Y todos los días llegaba a reposar allí una cierva, hasta que murió de vieja en ese mismo lugar.
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