Tuiter: @Fabian_Med
Consulado
Lamentablemente, las elecciones en Venezuela tienen que ver con usted, conmigo, con nosotros. No debería ser así, pero lo es. Técnicamente, las elecciones que se celebran ahora en Venezuela son para nosotros más importantes que cualquiera de las que ha organizado el Consejo Supremo Electoral en Nicaragua en los últimos cinco años. Uno, porque Nicaragua prácticamente se convirtió en un consulado venezolano, una colonia extraterritorial de Venezuela. Y dos, porque las llamadas “elecciones” en Nicaragua hace tiempo dejaron de tener sentido porque ya no eligen nada. Son una pantomima.
Moneda al aire
Así que entenderán por qué me preocupa que a Nicolás Maduro le estén hablando pajaritos, que Chávez se vuelva dios (no sería raro que lo impusieran como religión por estos lados), que —aunque hasta ahora el tribunal electoral allá no se roba los votos descaradamente como se los roban acá— la contienda electoral esté planteada como lucha de tigre suelto contra burro amarrado. En fin, debe preocuparnos que Venezuela sea una moneda al aire en este momento y que, caiga del lado que caiga, ya no volverá a ser la misma de hace dos meses.
La buena idea
Una mañana de estas, Daniel Ortega (o quizá fue doña Rosario) se despertó excitado por una buena idea que se le ocurrió mientras dormía. “Hombré —dijo a su corte— ¿Por qué no establecemos que las instituciones del Estado trabajen de ocho de la mañana a cinco de la tarde? “Es una excelente idea”, exclamó feliz el diputado Wálmaro Gutiérrez y los medios oficialistas abundaron en elogios por la “atinada” medida que tomó el “compañero presidente” tal como lo señala un canal de TV que cito textualmente: “Una mayor eficiencia en las instituciones estatales espera la ciudadanía nicaragüense que, a la vez, cree atinada la decisión gubernamental de extender el horario laboral a ocho horas diarias”. ¡Qué derroche de inteligencia!
Acríticos
Nadie, por supuesto, mencionó que fue el propio “compañero presidente” quien redujo la jornada laboral de siete de la mañana a una de la tarde el mismo año en que llegó al poder. Fue “excelente idea” cuando lo hizo y también “excelente idea” cuando la deshizo. ¿Cómo entenderlos? Una masa acrítica, sin criterio propio.
Allá en el Rancho Grande…
Ojo con lo que pasa en Rancho Grande, Matagalpa. Sucede que ahí asumió una alcaldesa sandinista gracias a esas particulares matemáticas de nuestro tribunal electoral, pero quedó (quizá por error, también de sus matemáticas) una ligera mayoría de concejales liberales. Once sandinistas y doce liberales. El Consejo Municipal no ha podido sesionar porque los sandinistas no han logrado convencer a ninguno de los liberales de pasarse a su bando, volverse mayoría y elegir entre ellos todos los principales cargos directivos.
Garrote y zanahoria
Según las denuncias, primero fue la zanahoria. Las ofertas de prebendas y cargos. No pudieron comprar uno solo. Sacaron entonces el garrote y llueven ahora las acusaciones de todo tipo contra varios de los concejales tercos que no quieren hacerse “sandinistas”. Uno está acusado de abuso sexual; otro, de “delito ambiental” por haber desramado un árbol. A uno que es médico le cerraron su farmacia y laboratorio y a otro más le achacan la quema de un vehículo en una vieja protesta. Todavía siguen sin conseguir el concejal buscado. Los liberales están firmes y unidos. Los sandinistas no son aún mayoría en ese municipio. El Concejo sigue sin funcionar.
Se vende
Yo no soy liberal, pero siempre sentiré respeto por las personas —sean de la ideología que sean— que se mantienen firmes ante los halagos y amenazas del poder, que con tanta facilidad compra y vende conciencias. Siento respeto por la gente que defiende sus ideas (que pueden ser incluso muy diferentes a las mías) a pesar de todas las desventajas que el mantenerlas significa para ellos. Ojalá Rancho Grande sea una lección para tanto diputado y político que entra a este supermercado de ofertas que llaman “oposición” con un rótulo de “se vende” en la cabeza.
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