La Primavera Árabe ha dado pie a una transformación política sin precedentes, pero que se ha degradado hasta convertirse en un “invierno islamista”. Las elecciones recientes celebradas en países musulmanes han tenido como resultado la victoria de partidos antioccidentales y de marcada tendencia de violencia político-religiosa contra Estados Unidos y su democracia.
En 2009, Barack Obama fue distinguido con el máximo galardón pacifista, lo que no ha impedido que EE. UU. siga a la vanguardia del protagonismo bélico y de la defensa militar del planeta. Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), con base en Yemen, sigue siendo una amenaza para Estados Unidos, la libertad y la seguridad internacional.
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Acertadamente a fines de 2011 el presidente Obama sancionó la “Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2012” mediante la cual cualquier estadounidense sospechoso de terrorismo puede ser detenido indefinidamente por autoridades militares, que consolida la guerra antiterrorista desde la óptica de la legalidad constitucional, ya que mantiene vigente el recurso de “hábeas corpus”, como medio de control del Estado en su incesante lucha.
Es ilógico insinuar que en una república con la mejor consolidación democrática del planeta, como es Estados Unidos de América, se realizarían allanamientos masivos sin respeto a los derechos individuales y sin reales fundamentos de inteligencia contra las células terroristas de los árabes-americanos, musulmanes, el estado terrorista de Irán y el ultranacionalismo comunista en Corea del Norte, Rusia y China. Además el estado de guerra de la nación decretado por Bush implica excepciones a las garantías constitucionales.
Por el otro, en relación al crecido uso de los aviones no tripulados, los “drones” en Asia (Irak, Afganistán y Pakistán) y África (Libia, Somalia y Yemen) se han tornado tan usuales y masivos que se ha naturalizado en EE. UU. la expresión “la guerra de los drones”. Esta nueva guerra se caracteriza por desarrollarse sin frentes de combate directo, por resultar de más alta precisión, mucho menos onerosa que el envío de tropas y por llevarse a cabo sin necesidad de bajas propias.
En el informe de 2009 del Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para Ejecuciones Extra-Judiciales, Philip Alston, advirtió que los drones podrían violar el derecho humanitario y las leyes de la guerra, la misma ONU convalidó esta guerra, con la aprobación de la “estrategia global de la lucha antiterrorista”, aprobada por el Consejo de Seguridad en el año 2010.
Y en este sentido, Obama ha dado pasos importantes pero no totalmente suficientes, con su autorización en mayo de 2011 de la ejecución extraterritorial del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, en medio de un meticuloso operativo de fuerzas especiales. También, a través de un “panel secreto”, y con el aval presidencial, se decidió en septiembre de ese año dar de baja en Yemen a dos estadounidenses musulmanes, “americanos” que odian su propio país, Anwar al-Awlaqi y Samir Khan, mediante misiles disparados desde un drone.
En términos jurídicos, la nueva fase y modalidad de contraterrorismo ha implicado cambios que han llevado a una consolidación de la legalidad constitucional en el marco de una guerra contra un enemigo extremadamente sofisticado, violento e inescrupuloso. El autor es Abogado. Laico Bautista.
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