Julio C. Castillo Ortiz
Hemos sido llamados a resucitar a una vida nueva, desechando todo lo que anteriormente nos anclaba a la esclavitud de los vicios, antivalores, malos hábitos y las malas costumbres, para renacer en un hombre y una mujer dispuestos a alcanzar la plenitud de una vida, que se prolongará a la eternidad.
Pablo de Tarso fue uno de los hombres que escuchó este mismo llamado. Después de ser un perseguidor de la iglesia de Jesucristo, experimentó un renacer en el espíritu, convirtiéndose en un radical defensor de la causa del Nazareno y expresando en la carta que envía a los Gálatas: “…y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.
El mismo Pablo también aseguró que si Cristo no hubiese resucitado, nuestra predicación no tuviera contenido y vana sería nuestra fe. Pero la buena noticia es que Jesús, a través de su resurrección, nos da la salvación.
La redención que obtiene la humanidad —a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús— es el acto único que se ha dado en la historia de la humanidad que nos demuestra que en Cristo Jesús podemos resucitar, cuando nos encontramos muertos en espíritu y deambulando en una vida sin sentido.
Ese paso trascendental que nos redime solo puede venir de un poder divino y espiritual, demostrándonos que nuestro paso por este mundo tiene un propósito definido; pero para iniciar una nueva vida, debemos tener el coraje de responder con un sí al llamado que nos hace Jesús. Él nos transportará hacia una vida lejos del pecado, que nos conducirá a la vida eterna, la misma que el demostró, a través de su Resurrección hace más de dos mil años.
Recuerde que Cristo se despojó de su linaje divino y, rebajándose a la condición humana, vino a este mundo para asumir nuestras culpas, cargar con nuestros pecados y demostrarnos que nada es imposible pues, aunque sufrió muerte de cruz, resucitó al tercer día, porque era el hijo amado de Dios y nuestro redentor.
Sé que muchos podremos estar cansados de luchar con las vicisitudes de este mundo. Quizá en su hogar no encuentra la plena unión o la armonía que deseaba alcanzar, su actual trabajo puede que no sea lo que siempre soñó o las circunstancias que está viviendo le indican que cada día todo será peor.
No obstante, si nos disponemos a entregarle todo nuestro ser a Jesucristo, incluyendo el arca que se encuentra vacía sin nada que ofrecerle, Él se dispondrá a darnos el poder de la resurrección, porque Jesús está vivo “y ese mismo poder de Dios para nosotros, los que creemos en Él, es el mismo gran poder que levantó a Cristo de entre los muertos”. Efesios 1:19. El autor es presidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo.