Javier Poveda
Pomadas, pastillas e inyecciones. Los fármacos pueden resultar una molestia, pero los alimentos no. Comer para sanar parece ser una alternativa fiable, sobre todo con lo relacionado a la inflamación, un mecanismo de defensa natural que protege a nuestro cuerpo de sustancias tóxicas acumuladas en tejidos dañados para que no se espandan por el organismo. “Sin embargo, cuando la inflamación se hace crónica puede afectar a tejidos sanos y desencadenar enfermedades como el cáncer o las patologías cardiovasculares”, según publica la revista Muy Interesante.
La publicación enlista algunos alimentos con propiedades antinflamatorias, como por ejemplo el tomate, que es rico en licopeno, “un potente antioxidante que le aporta su color rojo. Una investigación publicada recientemente en British Journal of Nutrition revelaba que la ingesta diaria de un vaso de 330 mililitros de zumo de tomate durante veinte días reduce los niveles de los compuestos inflamatorios interleucina-8 y TNF-alfa”.
Asimismo, puede encontrar solución contra la inflamación en las frutas cítricas, como la naranja o el marañón, melocotón, mandarina, entre otras, contienen altas dosis de vitamina C, vitamina E y de flavonoides “que reducen la inflamación de los tejidos. En concreto, científicos escoceses han demostrado que el consumo de pomelo se vincula con bajos niveles de proteína C reactiva, un indicador clave de que existe inflamación”, señaló el artículo médico.
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