Carlos A. Moreno / EFE
El trabajo doméstico está en vías de extinción en Brasil, donde se ha convertido en un servicio cada vez más escaso y caro por el mayor acceso de la población de baja renta a la educación y el aumento de la oferta de empleo en otras áreas.
Mario Avelino, presidente de Doméstica Legal, gremio que representa a los empleadores, alerta que, a causa del aumento de los costes laborales, la nueva legislación pone en riesgo el trabajo de unos 815,000 trabajadores.
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La dificultad para contratar trabajadores domésticos estriba en el poco interés por el oficio, generalmente ejercido en jornadas de más de doce horas o durmiendo en casa del empleador, y en la posibilidad que tiene la mano de obra menos capacitada de encontrar otras fuentes de ingresos, según los analistas.
“Como en toda profesión, las personas quieren mejorar el nivel de vida, y como el país está pasando por un buen período (económico), con más oportunidades de estudio, algunos consiguen una capacitación que les permite obtener mejores trabajos”, dijo la directora del Sindicato de Empleados y Trabajadores Domésticos de Sao Paulo, Eliana Gomes Menezes.
Datos del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) muestran que el número de trabajadores domésticos en Brasil bajó en solo dos años de los 6.9 millones que había en 2009 a 6.2 millones en 2011. Según el IBGE, pese a que esa actividad aún es una de las peor remuneradas del país, el salario de los domésticos aumentó un 56 por ciento entre 2003 y 2012 en términos reales, frente al incremento del 29 por ciento del sueldo de los demás trabajadores.
Ese aumento beneficia principalmente a las mujeres, que representan el noventa por ciento de los trabajadores domésticos, y a las de raza negra, que son el sesenta por ciento de la empleadas del hogar, oficio que algunos historiadores y sociólogos consideran un resquicio de la esclavitud.
Para la diputada y exministra de Asistencia Social, Benedita da Silva, el mayor acceso de las mujeres a la educación y la posibilidad de encontrar empleo, en actividades como la construcción civil y el comercio, hace que el trabajo doméstico quede en segundo plano.
“¿A quién le interesa vivir como doméstica en casa de otra familia si puede conseguir un empleo mejor remunerado, con todos los derechos, y trabajando solo ocho horas diarias de lunes a viernes?”, se pregunta.
Según el IBGE, en 2003 el 9.8 por ciento de los empleados domésticos brasileños había realizado once años o más de estudios, que equivalen a haber completado la secundaria, y el año pasado ese nivel de escolaridad ya lo alcanzaba el 21.7 por ciento.
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