Rezaye Álvarez M.
Aun cuando tres cuartas partes del planeta es agua, solo el tres por ciento es agua dulce y de alguna manera potable.
En Nicaragua la historia no es muy distinta, a pesar de contar con enormes fuentes de agua dulce como el lago Cocibolca o Xolotlán, para conocedores del tema como Abdel García, del Centro Humboldt, estas “ya no se pueden rescatar para efectos de consumo”.
En el marco del Día Mundial del Agua, que se celebra hoy 22 de marzo, organizaciones como los Jóvenes Ambientalistas manifestaron su preocupación ante los “problemas de calidad, fallas en la distribución y la inequidad con que llega el agua a los diferentes sectores sociales”.
Según datos del Programa de Monitoreo Conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), para el año 2010 el acceso al agua potable en Nicaragua en el rango de conexiones domiciliares en zonas urbanas era de un 98 por ciento.
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En cambio en las zonas rurales, este acceso alcanzaba el 68 por ciento, según la presidenta de Jóvenes Ambientalistas, Joselin Manzanares, estas cifras evidencian “una desigualdad considerable”.
En Nicaragua hay dos fuentes de agua para consumo humano, “las que están en los acuíferos (pozos) y la que escurre por encima de la tierra que va a dar a los lagos o brota como efectos de manantiales en la superficie”.
De ambas fuentes “las superficiales son las que más sufren contaminación”, según García, porque a ellas van a parar grandes cantidades de basura y sedimento.
Además, existen otros factores de contaminación como la erosión de los suelos, la tala indiscriminada de bosques, el avance de la frontera agrícola y el uso de agroquímicos en los cultivos.
CONSERVAS DE AGUA
Para el presidente de la Red de Reservas Silvestres Privadas de Nicaragua, Freddy Cruz, estos factores afectan el ciclo del agua y la conservación de la misma para consumo humano.
Gracias a iniciativas privadas como esta Red de Reservas Silvestres, que comprende 62 reservas, en Nicaragua se conservan cien kilómetros cuadrados de bosque que propician un buen desarrollo del ciclo del agua y la conservación de fuentes de agua subterráneas y superficiales.
Anualmente, estos cien kilómetros cuadrados de bosque producen 237 millones de metros cúbicos de agua al año, según datos proporcionados por Cruz, este dato deja a Nicaragua como uno de los países con la tasa más alta de infiltración de agua en Latinoamérica.
Los ambientalistas coinciden en la necesidad de establecer una cultura para el consumo de agua, desde diferentes ámbitos de la sociedad, como las escuelas. También creen que se debe propiciar el cambio del modelo productivo para el uso responsable de los agroquímicos.
Manzanares hizo un llamado a las empresas y al Gobierno “para darle la importancia que merece el tratamiento de los residuos sólidos y el rescate y conservación de las cuencas”.
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