@Fabian_Med
Poco serio
Los jueces y magistrados de Nicaragua consideraron “pocos serias” las acusaciones del señor Omar Cabezas, procurador (de facto) de Derechos Humanos en Nicaragua, quien insinuó que hay jueces aliados al narcotráfico. Aquí hay dos detalles que llaman la atención. Uno, que sea hasta ahora que los jueces y magistrados encuentren “poco seria” alguna actuación del señor Cabezas, cuando todo el desempeño de este funcionario ha estado caracterizado precisamente por ser “poco serio”. Es más, uno hasta ha llegado a creer que por eso lo mantienen ahí. Y dos, más sorprendido todavía, que lo critiquen de “poco serio” justo cuando dijo, tal vez, la única cosa seria de toda su gestión.
Blasfemia
La verdad, el comandante Omar Cabezas no tiene la culpa de ser como es. Si los jueces y magistrados ya empezaron a notar su poca seriedad, no es a él a quien deberían de reclamarle, sino a quien lo puso ahí a administrar un cargo que siempre le quedó demasiado grande. Pero ir más allá de Cabezas y buscar a los verdaderos culpables de su nombramiento es blasfemia en la Nicaragua de ahora. Si ni siquiera quisieron mencionar en su reclamo a la ministra de Gobernación, Ana Isabel Morales, quien hizo acusaciones más fuertes a la víspera, ¿cómo van a atreverse a reclamarle a Daniel Ortega por sostener a alguien “poco serio” en la Procuraduría?
Francotirador
Por otro lado, llama la atención la sensibilidad que vienen a mostrar ahora los jueces y magistrados en un país donde la justicia se ha convertido en un instrumento de ciertos grupos para sacar ventajas políticas y económicas. La figura de la mujer vendada con la balanza en la mano es una caricatura en nuestros tribunales. Inspira risa. Posiblemente la justicia nicaragüense quede mejor representada por un francotirador, buscando con mira telescópica el objetivo a conseguir. Apunta y dispara sentencias, fallos, cárcel o intimidación por encargo.
Mil casos
Podría mencionar mil casos. Desde la amañada sentencia que encontró inaplicable un artículo de la Constitución, justamente el que impedía la reelección de Ortega, hasta el juicio que se sigue a los mineros de Santo Domingo, donde la justicia está otra vez sirviendo como pistola en la sien para lograr “ciertos comportamientos”. Desde un italiano al que los tribunales le niegan todo proceso y lo echan del país porque disputa bienes de la Familia, hasta los juicios que recién les han montado a los concejales liberales de Rancho Grande para obligarlos a cruzarse al Frente Sandinista. ¿Entonces? Si se van a indignar los jueces que se indignen por estos casos también. Que llueva parejo, pues.
Garrote y zanahoria
Y para ser justos, cuando hablo de Justicia no me refiero solo a los jueces y magistrados. Me refiero a todo el sistema: Policía, Fiscalía, Procuraduría, Contraloría y, por supuesto, los jueces y magistrados, que también tienen su parte. Este es un sistema perverso destinado a funcionar como “garrote”, no del Estado como debería, sino de un partido que lo usa bajo el manido recurso de garrote y zanahoria. Y es mediante el uso de este instrumento que se explican muchas de las extrañas y repentinas conversiones que hemos visto en estos últimos años.
Convertidos
En cada convertido que vemos, desde sacerdotes hasta empresarios, desde concejales hasta magistrados, hay una historia de garrote y zanahoria que nunca se contará. El “modus operandi” es que en algún momento “alguien” recibe la visita de algún representante de la Familia que le pide algún “favor” y, a cambio, primero se le ofrece prebendas. Pueden ser puestos a él o sus familiares, dinero o propiedades. De negarse a hacer el favor solicitado, se le muestran los colmillos de este sistema judicial que ahí está, bala en boca, listo a disparar
Perro dócil
Miren nomás en qué ha quedado la Contraloría. Esta institución está llamada a ser el “perro guardián” de los bienes del Estado. Pero, ¿a cuántos funcionarios les ha abierto causa? En lugar de investigar, su trabajo ahora es buscar cómo exonerar a los funcionarios bajo las premisas más absurdas. El “perro bravo” de antes está ahora desdentado, ciego y gordo. En lugar de ladrar a los delincuentes, sale a recibirlos y les lame servilmente las botas.
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