Adolfo Acevedo Vogl
Economista
La articulación fundamental de la economía nicaragüense ha estado centrada en la articulación entre la producción de bienes de bajo valor agregado y escaso contenido tecnológico y rendimientos constantes o decrecientes a escala (café, azúcar, carne, oro, mariscos), cuya “competitividad” ha estado sustentada en la disponibilidad relativamente abundante de recursos naturales y fuerza de trabajo barata y el mercado mundial.
Las exportaciones tienen además como rasgo fundamental una baja elasticidad ingreso de la demanda mundial, de donde se deriva su limitado dinamismo a largo plazo, excepto por algunos ciclos de auge que tarde o temprano terminan.
La producción exportable —complementada ahora por la exportación de fuerza de trabajo vía emigración— ha proporcionado las divisas necesarias para la importación de gran parte de los bienes de capital y bienes intermedios que requiere el funcionamiento de la economía y la acumulación de capital, y de los bienes de consumo de mayor elasticidad ingreso de la demanda (y a veces hasta de los más sencillos, inclusive alimentos).
La matriz energética del país, centrada en la combustión de combustibles fósiles importados, bajo patrones de decreciente eficiencia energética —se utilizan cada vez mayores unidades de combustible fósil importado para generar una unidad de producción interna— ha colaborado en incrementar la propensión a importar.
Por su parte el mercado interno ha sido poco dinámico, debido a la escasa diversificación de la producción doméstica y a los limitados encadenamientos entre los diversos sectores y ramas, mientras que la creciente apertura externa de la economía ha hecho que la demanda interna se oriente cada vez más hacia las importaciones.
La especialización en la producción de bienes y servicios de baja densidad tecnológica y caracterizados por rendimientos constantes o decrecientes a escala, cuya competitividad se basa en el bajo costo de los factores —fuerza de trabajo y recursos naturales— más que en continuos incrementos de la productividad, dan lugar a un círculo vicioso de baja productividad y reproducción del atraso. Todo lo que se necesita es que el costo de los factores se mantenga “competitivo”.
La escasa diversificación de la estructura productiva y la escasa densidad de los encadenamientos, interconexiones, complementariedades y sinergias entre las diversas empresas, ramas y sectores, y entre empresas y centros educativos y de investigación (si acaso existen), determina que el progreso tecnológico, cuando existe, no se difunda a lo largo de toda la economía, sino que se concentre en algunas empresas y sectores, que tienden por tanto a funcionar como enclaves.
A su vez, el hecho de que el punto de realización fundamental de las mercancías producidas por los sectores “modernos” sea en gran parte el mercado mundial, hace que los salarios reales de los trabajadores no sean tan importantes como demanda para la realización de dichas mercancías, e importen fundamentalmente como un costo de producción que se busca minimizar en aras de la competitividad externa, limitando aún más las posibilidades de expansión del mercado interno.
La contrapartida de esta forma de articulación de la economía ha sido una economía especializada en producir un número limitado de bienes de bajo valor agregado y bajo contenido tecnológico para la exportación, y una estructura productiva interna poco diversificada y altamente desarticulada, y caracterizada por una elevada heterogeneidad estructural.
Una estructura productiva se dice heterogénea cuando unos pocos sectores, ramas y empresas concentran los mayores niveles tecnológicos, mientras la mayor parte de estos se caracterizan por el predominio de una extensa miríada de unidades económicas de muy baja productividad, en donde encuentra ocupación y medios de sobrevivencia la mayor parte de la fuerza de trabajo.
En los países desarrollados, por el contrario, la articulación fundamental se produjo alrededor de los encadenamientos, interrelaciones y sinergias entre los diversos sectores y ramas de la economía, en medio de un proceso de permanente surgimiento de nuevos productos, sectores y ramas y de nuevas interconexiones entre ellas, como resultado del proceso de continua innovación tecnológica.
Esto dio lugar a economías altamente diversificadas, integradas y complejas, que producen bienes y servicios de contenido tecnológico cada vez mayor, y que en última instancia dependen fundamentalmente del mercado interno.
En estos países, el salario tiene un doble significado en cuanto pago por la fuerza de trabajo: por un lado constituye un costo de producción y por otro constituye una demanda en el mercado interno. En estas condiciones, dado cierto nivel de productividad y de oferta, si los salarios se reducen por debajo de cierto nivel, ello significará el surgimiento de dificultades para realizar la totalidad de la masa de mercancías producida (insuficiencia en la demanda efectiva).
El denso sistema de interconexiones, complementariedades y sinergias entre empresas, ramas y sectores está asociado al surgimiento de economías dinámicas de escala a nivel mesoeconómico, derivado del desarrollo de economías de aglomeración, economías de especialización y externalidades tecnológicas.
El hecho de tratarse de economías altamente integradas, es lo que hace posible que las innovaciones tecnológicas se difundan a lo largo de todo el sistema productivo, de manera que en los países desarrollados se caracterizan por una mayor homogeneidad estructural, en el sentido de que no existen las grandes disparidades entre los niveles tecnológicos y de productividad de los diferentes sectores y ramas de la economía que caracterizan a los países en desarrollo.
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