Los cíclopes eran unos seres gigantescos que tenían un solo ojo, en medio de la frente y fueron engendrados por la unión de Urano y Gea, o sea del Cielo con la Tierra. A estos se les llama cíclopes de primera generación, pues también hubo cíclopes de una segunda generación, hijos de Poseidón y de una ninfa llamada Toosa. A estos cíclopes de segunda generación pertenecía Polifemo, mencionado en forma destacada por Homero en La Odisea.
Uno de los cíclopes de primera generación fue Cedalión, personaje de la mitología griega poco conocido. Los estudiosos de esta disciplina aseguran que Sófocles escribió una obra sobre Cedalión, pero se perdió en el transcurso del tiempo y solo fue posible recuperar algunas palabras aisladas.
Los primeros cíclopes, hijos del Cielo y la Tierra, participaron al lado de los titanes en la guerra contra los dioses del Olimpo. Cuando fueron derrotados, Zeus los arrojó a las profundidades de la tierra. Eran alrededor de cien, siendo los más conocidos Brontes, Sterope y Piracmón, quienes forjaban los rayos de Zeus y las maravillosas armas de los otros dioses olímpicos.
[/doap_box]
El forjador de los rayos de Zeus en las fraguas del centro de la tierra, era Brontes, mientras Sterope los sostenía sobre el yunque y Piracmón los golpeaba con un gigantesco martillo.
Los cíclopes fabricaron el casco de Hades, el dios del mundo de los muertos, que le permitía hacerse invisible. Forjaron también el tridente de Poseidón, con el cual enfurecía o tranquilizaba las aguas de los mares, provocaba los terremotos y los maremotos y de un golpe hacía brotar agua de la tierra.
Después que se liberaron de su prisión en las entrañas de la tierra, los cíclopes fueron a construir las enormes murallas de las antiguas ciudades de Micenas y Tirinto. Después se radicaron en la isla de Lemnos, donde instalaron grandes talleres de herrería.
Cuando Hera alumbró a Hefesto, el cual fue autoengendrado, la esposa de Zeus le encargó al cíclope Cedalión que le enseñara a su hijo las artes mecánicas y de la fabricación de herramientas.
Pero la acción más importante de Cedalión fue la ayuda que le dio al Orión, el gigante cazador, para que recuperara la vista.
Orión era hijo de Poseidón y por eso podía caminar sobre la superficie de las aguas a pesar de su gran peso y enorme estatura.
Un día, andando de caza en el bosque, Orión vio a Mérope, una hermosa muchacha que era hija de Enopeo, el rey de Quío. Orión quiso casarse con Mérope pero Enopeo no lo consintió. Entonces Orión violó a la princesa, como era común en ese tiempo.
Enopeo se enfureció pero fingió no darle importancia al asunto. Más bien invitó a Orión a un gran banquete durante el cual lo emborrachó hasta la inconsciencia y entonces le sacó los ojos y mandó a que lo arrojaran a la orilla del mar.
Para poder recobrar la vista Orión tenía que ir a la isla de Lemnos, donde vivían los cíclopes, y pedirles que lo guiaran al lugar en el oriente donde el Sol sale a iluminar y calentar la Tierra, para que con su luz devolviera la vida a sus ojos. Cedalión se ofreció a ayudar a Orión, lo montó sobre sus hombros y lo llevó hasta el lugar más cerca del Sol donde le fue posible llegar. Y así fue que Orión pudo recuperar la vista y volver a los bosques para continuar su oficio de cazador. Hasta que, para su infortunio, la diosa Artemisa se enamoró de él y en un arrebato de celos lo mató de un flechazo. Arrepentida, Artemisa llevó su cuerpo al cielo donde desde entonces la constelación de Orión es la más brillante que se puede observar desde la Tierra.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A