A pesar de las flagrantes violaciones constitucionales cometidas por el Gobierno provisional de Nicolás Maduro para asegurar la continuidad del chavismo después de Chávez, la oposición democrática venezolana ha decidido aceptar el reto electoral.
La oposición participará en la elección presidencial del próximo 14 de abril con la misma candidatura de Henrique Capriles, quien fuera derrotado por Hugo Chávez en los comicios de octubre del año pasado. Pero tampoco esta vez Capriles tiene posibilidad de ganar la elección, pues aunque ya no está Chávez las condiciones de participación electoral son peores que el año pasado. Basta considerar al respecto que Capriles ni siquiera pudo ir al Consejo Nacional Electoral (CNE) a inscribir su candidatura, debido a las graves amenazas oficialistas. Y además, aunque la mayor parte de los ciudadanos votara por Capriles no hay garantía de que el CNE respetaría la voluntad popular
Por otra parte, es obvio que los altos mandos políticos y militares de Venezuela no están dispuestos a entregar el poder de manera voluntaria. Ellos ya decidieron que Maduro será “elegido” presidente y así será por las buenas o por las malas. Tal vez más adelante se dé otra vez en Venezuela la posibilidad de cambiar gobierno y sistema político por la vía electoral. Eso será posible cuando el régimen chavista sin Chávez sea más socavado por la crisis económica, cuando gran parte de la gente que ahora está alienada por el culto a la personalidad del caudillo difunto recobre la cordura y reconozca su propia realidad —la cual es muy distinta a la ilusión populista que le han metido en la cabeza—, y cuando en el ámbito internacional sople otra vez un viento favorable a la causa de la democracia, la libertad y el respeto a los derechos humanos. Pero por ahora esa posibilidad no existe en absoluto.
Lo cierto es que la oposición venezolana pudo haber decidido no participar en la elección del próximo 14 de abril, y no perdería nada porque en este caso no se trata de elegir cargos de representación. Distinta fue la situación cuando las elecciones legislativas de diciembre de 2005. En aquella ocasión también se sabía de antemano que el partido chavista ganaría las elecciones por aplastante mayoría y por eso los partidos opositores decidieron no participar. Sin embargo, al abstenerse perdieron la cuota de representación parlamentaria a la que tenían derecho y le permitieron a Chávez gobernar los siguientes cinco años, sin ninguna oposición en la Asamblea Nacional.
Ahora, aunque no ha oportunidad de elegir representantes a los cuerpos legislativos y representativos, ni existen garantías de limpieza e imparcialidad electoral, de todas maneras es válida la decisión opositora de participar en la elección presidencial. Hay que participar, porque la lucha por la libertad y la democracia se debe plantear siempre en todos los terrenos, por muy adversos que sean. Por mínima que sea la oportunidad, la oposición tiene que aprovecharla para concienciar la esperanza en el cambio democrático, el cual ahora no es posible alcanzarlo pero tarde o temprano tendrá que llegar.
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