ADOLFO ACEVEDO. LA PRENSA/ARCHIVO

El ciclo de vida económico y cambios en la estructura de edades

Dado que el comportamiento económico de las personas varía según la etapa del ciclo de vida en la que se encuentran, los cambios en la estructura por edades de la población tienden a producir un impacto importante sobre el proceso de desarrollo económico. La clasificación de la población por grupos de edad que aquí emplearemos utiliza como criterio para delimitar los grupos de edad la relación que existe, para cada uno de estos grupos, entre su ingreso laboral y su consumo de bienes y servicios (públicos y privados).

Adolfo Acevedo Vogl

Economista

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Dado que el comportamiento económico de las personas varía según la etapa del ciclo de vida en la que se encuentran, los cambios en la estructura por edades de la población tienden a producir un impacto importante sobre el proceso de desarrollo económico. La clasificación de la población por grupos de edad que aquí emplearemos utiliza como criterio para delimitar los grupos de edad la relación que existe, para cada uno de estos grupos, entre su ingreso laboral y su consumo de bienes y servicios (públicos y privados).

Los menores de 20 años corresponden a la población que inicialmente carece cualquier ingreso laboral y depende totalmente de transferencias de sus padres, de terceros o del Estado para cubrir sus necesidades.

Aunque en nuestros países los individuos tienden a incorporarse a la actividad económica relativamente temprano —muchas veces como trabajadores familiares sin pago ayudando a sus padres o parientes—, los datos indican que, en promedio, no es sino hasta aproximadamente los 20 años de edad que el ingreso laboral de las personas tiende a equilibrar su consumo. Hasta ese momento son consumidores netos, es decir, experimentan un déficit entre su consumo y sus ingresos laborales, que debe ser cubierto mediante transferencias de terceros (familia o Estado).

Las personas en edades productivas (de 20 a 39 años y de 40 a 59) son aquellos que, según la información disponible, producen o generan un ingreso laboral que excede a su consumo. En calidad de personas que obtienen un superávit de su ingreso sobre su consumo se consideran productores netos.

Son quienes, directa o indirectamente, ya sea mediante transferencias en el seno de los hogares o mediante su pago de impuestos o aportes al Estado, cubren el déficit de consumo tanto de los menores de 20 años, como de los mayores de 60 años.

Dentro de este grupo, podemos distinguir dos subgrupos: el primero, de 20 a 39 años, muestra una tendencia al incremento de los ingresos laborales con la edad, y un incremento del exceso del ingreso laboral sobre el consumo, pero de los 40 a los 59 se evidencia una tendencia decreciente del ingreso laboral, y el excedente tiende a reducirse hasta que alrededor de los 60 años desaparece.

Esto parece corresponder a cierto ciclo de vida laboral. Las personas se inician en la actividad laboral principalmente como trabajadores familiares sin pago, y sus ingresos laborales no cubren sus necesidades de consumo, hasta arribar a los 20 años; luego, después de los 20 años y aproximadamente hasta los 40 años, adquiere un fuerte peso el empleo asalariado, y después de los 40 años tiende a predominar el empleo por cuenta propia.

Finalmente, la población de 60 años y más es aquella en que reducen o desaparecen por completo los ingresos laborales.

Aunque continúen laborando (principalmente como trabajadores por cuenta propia y en menor medida como trabajadores familiares sin pago), sus ingresos laborales se reducen de manera significativa y ya no cubren sus necesidades de consumo, de manera que experimentan un déficit que debe ser cubierto mediante transferencias públicas o privadas, y también se consideran consumidores netos.

Al envejecer la población y aumentar rápidamente el número de adultos mayores en relación con las personas en edades más productivas, se incrementará de manera cada vez más considerable la presión sobre las finanzas públicas y sobre los hogares, debido a la creciente demanda que representara la necesidad de proveer atención en salud y sustento a la cada vez más numerosa población de adultos mayores.

El déficit en las necesidades de consumo de los adultos mayores en relación con su ingreso laboral deberá ser cubierto por las personas en edad productiva, ya sea directamente a través de transferencias en el seno de las familias, o indirectamente, a través del pago de impuestos y contribuciones que permitan financiar los programas que atienden las necesidades de los adultos mayores.

De hecho, las presiones del proceso de envejecimiento se comienzan a manifestar desde ahora, bajo la forma de presiones de los adultos mayores que no alcanzaron a completar las 750 cotizaciones, por una pensión mínima, y las presiones sobre las finanzas del INSS debidas a que las pensiones promedio están creciendo más rápido que el salario promedio de los cotizantes, y a que en la próxima década arribarán a la edad de jubilación las cohortes nacidas entre 1950 y 1960, cuando predominaban las mayores tasas de fecundidad en la historia.

Estas presiones no harán otra cosa que incrementarse con creces en el futuro.

Para tener una idea de la magnitud de las presiones que representará el incremento en el número de adultos mayores, debe tenerse una idea de la magnitud de dicho incremento. Entre 2010 y 2070 la población total se incrementará en 2,204,284 personas, de las cuales 2,050,270 (el 93 por ciento) corresponderán exclusivamente al aumento en el número de adultos mayores.

Lo que esto significará es que, si en 2010 el consumo total de los adultos mayores representó el equivalente al 12 por ciento del consumo de las personas en edades productivas, permaneciendo todo lo demás constante, para el año 2070 dicho consumo alcanzará a representar el 58 por ciento del consumo de las personas en edades productivas. El país debe plantearse, desde ya, cómo enfrentará semejante desafío.

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