¿Le daría usted a sus hijos conscientemente hamburguesas de carne de caballo?
La respuesta, al menos en la mayor parte del mundo de habla inglesa, incluso antes del escándalo del etiquetado en Europa, habría sido un rotundo voto en contra. Lo que los caballos habrían agradecido sin duda alguna. En Francia, la respuesta se la pensarían dos veces. El consumo de la carne de caballo estuvo en declive desde hace décadas, y hoy apenas representa el 0.4 por ciento de toda la carne que se consume. Pero todavía hay 750 carniceros de carne de caballo que operan en el país. El 17 por ciento de la población admite haber comido carne de caballo en algún momento y alrededor de 11,000 haciendas siguen criando caballos para su consumo. Los profesionales dicen que creen que lo peor del declive ya terminó. Durante los dos últimos años, el comercio de este tipo de carne ha sido estable por lo que se ha convertido en una nueva gastro-tendencia entre los gourmets de París, tanto así que un buen grupo de chefs ya empezaron a incluir el caballo en sus menús.